Roma (Reuters, EFE, DPA) - Los tres mayores sindicatos de Italia convocaron ayer a una huelga general para el 16 de abril contra los planes de reforma laboral del gobierno, lo que terminó por salpicar a la alianza oficialista y desató la peor disputa laboral del país en dos décadas.
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Mientras las tensiones entre la gobernante coalición conservadora y los sindicatos aumentaba, el primer ministro Silvio Berlusconi respondió diciendo que el gobierno quería negociar con los sindicatos, pero estaba comprometido con los planes de reforma del mercado laboral de Italia.
«El gobierno continúa abierto, extremadamente abierto al diálogo con todas las partes, pero también tiene que reconocer que no todos quieren hablar», dijo Berlusconi durante una rueda de prensa después que los sindicatos convocaron a la huelga. Sin embargo, el premier afirmó también que las tres centrales sindicales no representan al mundo del trabajo y las acusó de decir «mentiras» sobre su reforma laboral, lo que agudizó el enfrentamiento social y político en Italia.
«Las afirmaciones de Berlusconi son graves e inquietantes», aseguró en un comunicado oficial la Confederación Italiana de los Trabajadores (CGIL), la mayor central del país, con cinco millones de inscritos, que el último sábado realizó una imponente manifestación en Roma para protestar contra la reforma laboral del gobierno y la eliminación del artículo que impide los libres despidos.
•Reunión de emergencia
Los líderes sindicalistas celebraron una reunión de emergencia después de que algunos ministros centroderechistas los acusaron de tratar de socavar la democracia y de ser en parte responsables por el asesinato de Maro Biagi, asesor de alto rango de la cartera de Trabajo la semana pasada.
«Habrá una huelga general de ocho horas el 16 de abril», dijo a los periodistas Savino Pezzotta, jefe del CISL, el segundo sindicato más importante de Italia. La última vez que los sindicatos convocaron a una huelga de esa magnitud fue en junio de 1982 debido a reglamentaciones contractuales.
El jefe del CGIL, Sergio Cofferati, exigió disculpas a Berlusconi por estas expresiones. Pero el premier afirmó que «ni la plaza ni las pistolas» frenarán su reforma laboral.
«Se trata de palabras que tienen como objetivo dividir de un tajo el país», afirmó poco después Piero Fassino, secretario del mayor partido de la oposición, Democráticos de Izquierda (DS).
El gobierno insiste en que son necesarias las reformas para promover la flexibilidad del mercado laboral y alinear las leyes italianas con las normas europeas. Por su parte, los sindicatos dicen que los cambios planeados facilitarán el despido de trabajadores.
El presidente Carlo Azeglio Ciampi había intervenido en la disputa entre el gobierno y los sindicatos en comentarios inusualmente duros y dijo que el gobierno debía hacer todo lo posible para evitar un estancamiento en las negociaciones. Ninguna de las partes ha mostrado señales de ceder en un conflicto que ha colocado las relaciones entre el gobierno y el movimiento sindical en su punto más bajo.
Ciampi, quien formuló declaraciones en el sur de Italia, dijo que la armonía y el diálogo entre las instituciones era «la fortaleza y la esencia de la democracia». El mandatario agregó: «No debemos llegar a un punto donde la situación política se estanque. Esta es la lógica que debe guiar a los políticos que aceptaron una función al ser elegidos». Si bien Ciampi no dio nombres, sus comentarios aparentemente estaban destinados a las declaraciones en contra de los sindicatos hechas por los ministros de Berlusconi.
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