Roma (ANSA) -. La huelga general de transportes realizada ayer en Italia tuvo una adhesión casi total en los servicios ferroviarios, aéreos, marítimos y de medios urbanos, que la convirtió en el mayor paro del rubro en los últimos 25 años.
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Según los sindicatos, la adhesión a la protesta por el recorte de los recursos destinados al sector fue muy alta y llegó en algunas localidades al 100 por ciento.
La protesta se llevó a cabo con modalidades y horarios diferentes según los sectores y las ciudades, pero causó dificultades a los pasajeros en casi todo el país, especialmente en las grandes ciudades.
Tanto es así que algunos medios locales bautizaron la jornada como "viernes negro". Prácticamente no circuló ningún tren ni barco, y desde la mañana fueron suspendidos más de 350 vuelos desde y hacia Roma o Milán, en su mayoría de Alitalia.
En Roma quedaron completamente paradas las dos líneas de subterráneos y en el servicio de autobuses la adhesión llegó al 72 por ciento según las primeras estimaciones. La falta de ómnibus fue evidente en el centro de Roma, donde el tránsito se vio mucho más calmo que en un día habitual.
Con todo, los taxistas dieron una tregua al gobierno comunal y volvieron al trabajo luego de dos días de protestas que desencadenaron un inmenso caos en el centro de la ciudad.
En Milán se registraron grandes demoras en el tránsito, con largas colas de automóviles desde las primeras horas de la mañana en el centro de la ciudad y en las autopistas de acceso.
La región de Toscana también resultó casi paralizada. En la estación de trenes de Santa Maria Novella, en Florencia, se suspendieron casi todos los servicios, a excepción de algunos de larga distancia.
Las organizaciones sindicales de todos los trabajadores del transporte explicaron que piden al gobierno y a las empresas "respuestas concretas para encaminar hacia una solución los graves problemas abiertos en el sector".
La protesta fue convocada "contra los recortes de los recursos destinados al sector" y en reclamo de que se superen las crisis de algunas de las empresas de transportes. El ministro de Trabajo, Cesare Damiano, admitió que la huelga evidencia "una situación compleja que el gobierno está comprometido a afrontar".
Las asociaciones de consumidores, a su vez, protestaron por las complicaciones y afirmaron en una nota que "es hora de buscar formas alternativas de protestas, no el bloqueo del servicio, que sean menos perjudiciales para los ciudadanos".
Los trenes paralizaron sus servicios de las 9 a las 17 locales. Sin embargo, durante el paro fueron garantizados los enlaces entre Roma y el aeropuerto de Fiumicino, algunos trenes regionales en franjas horarias de mayor movilidad de trabajadores y los trenes de largo recorrido.
El transporte urbano local (autobuses, tranvías, metro) realizó un paro de ocho horas, con modalidades diferentes de ciudad a ciudad.
En el tráfico aéreo la huelga fue de cuatro horas, de las 11 a las 15 locales. Los marítimos, en cambio, decidieron retardar 24 horas la partida de las naves. En cuanto a los taxis de Roma, por ahora hicieron una pausa en su protesta, aunque el conflicto todavía no está resuelto.
El alcalde Walter Veltroni aseguró que no dará marcha atrás con su proyecto de otorgar 500 licencias, que se sumarán a las 7.000 que ya circulan en la ciudad.
Fue esa iniciativa la que desató la protesta el miércoles. Ahora los sindicatos y el alcalde aseguran que negociarán los términos y modalidades de aplicación de la nueva normativa, que incluye además el aumento de las tarifas.
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