La evolución del conflicto ha sido lineal. Hasta la firma de los acuerdos de Oslo, en 1993, Israel se negó a negociar con Arafat porque éste insistía en destruir a Israel. Después, Israel se sentó a la mesa de negociaciones, aunque de forma limitada: sólo para hablar de autonomía. Y, finalmente, Israel aceptó la hipótesis de un Estado palestino.
El mejor regalo que Bush le hizo a Sharon se lo entregó en abril de 2004. Entonces, una carta dio vuelta la política estadounidense seguida durante decenios con respecto a los asentamientos en los territorios ocupados. «A
Bush fue correspondido por Sharon, quien con su retirada unilateral de Gaza le proporcionó una alegría. Esta iniciativa fue interpretada por Washington como un paso hacia unas eventuales negociaciones sobre el futuro de Jerusalén, los refugiados palestinos y el establecimiento de fronteras entre los dos Estados. Pero esto ya dependerá de quien sea elegido como sucesor. La herencia de Sharon es la retirada de Gaza (7.500 colonos frente a más de 250.000 en Cisjordania), pero también un muro, o valla, que no sólo tiene las trazas de convertirse, unilateralmente, en la futura frontera de Israel, sino que tampoco se recoge en los parámetros de la Hoja de Ruta.
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