Beirut - El relato es siempre el mismo: trabajadores de la India, Pakistán, Filipinas, Nepal o Sri Lanka son contactados por la empresa First Kuwaiti General Trading para trabajar en Dubai o Kuwait a cambio de entre 325 y 725 euros mensuales. Una vez firmados los contratos, la empresa fleta vuelos chárter para desplazar la mano de obra. La sorpresa llega a bordo, cuando el capitán de la tripulación da la bienvenida a sus pasajeros «con destino a Bagdad».
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Para los aterrados asiáticos es demasiado tarde, dado que First Kuwaiti retiene sus pasaportes. Es el principio de su pesadilla y un paso más en la construcción de la embajada estadounidense de Bagdad, una mastodóntica obra llevada a cabo por la empresa kuwaití para la que se estaría empleando, según varias fuentes, a jornaleros secuestrados obligados a trabajar hasta la extenuación.
La idea de construir la legación diplomática más ambiciosa y extensa del mundo surgió en 2005. Washington destinó 430 millones de euros, suficientes para erigir en la «zona verde» los 20 edificios de los que constará la embajada, que tendrá el tamaño del Vaticano. Solo que... no había trabajadores para levantarla. Puesto que cabe esperar que entre los obreros iraquíes se infiltren suicidas que boicoteen el proyecto a golpe de TNT, la subcontrata First Kuwaiti, encargada de las obras, buscó asiáticos que estarían siendo desplazados a Irak sin saberlo, donde se ven obligados a trabajar en jornadas de hasta 14 horas.
Condiciones terroríficas
Unos 900 obreros se desempeñan en la construcción de la legación, algunos de forma voluntaria, en condiciones descritas como terroríficas. Fuentes estadounidenses denuncian que los trabajadores malviven agolpados, se alimentan de sobras y raciones caducadas, y carecen de atención médica. Sus empleadores no los abastecen con suficiente agua, lo que les obliga a rellenar bidones en el Tigris con el peligro de infecciones que conlleva beber el agua contaminada por los cadáveres arrojados al río. Además, se ha denunciado que First Kuwaiti retienelos pasaportes de los obreros desde que, hace meses, un grupo de 40 de ellos escapase aterrado por los ataques.
EE.UU. encargó una investigación en setiembre al inspector general del Departamento de Estado, Howard J. Krongard, que concluyó que no había irregularidades. Nada que ver con las denuncias de afectados y testigos, como las aportadas la semana pasada por dos contratistas estadounidenses que detallaron, ante el Congreso, el tráfico humano y la explotación en las bases de Irak. Rory Mayberry -despedido de First Kuwaiti tras hacer pública su denunciay John Owen revelaron ante un panel de congresistas las escenas a las que asistieron en sus vuelos a Irak en marzo de 2006.
«Cuando el avión despegó y el capitán anunció que íbamos a Bagdad, se armó un gran alboroto. La gente comenzó a gritar. Sólo se sentaron cuando un guardia de First Kuwaiti les apuntó con su subfusil», explicó Mayberry. «Los trabajadores, paquistaníes, tenían tarjetas de embarque a Dubai. Cuando le pregunté al gerente de First Kuwaiti, me dijo: 'No digas nada. Si los guardias kuwaitíes se enteran de que vamos a Irak, no nos dejarán tomar el avión'», relató Owen, para quien las condiciones de trabajo en Bagdad violan toda legislación laboral existente.
Además de la embajada, las 70 bases estadounidenses, cuyos servicios son aportados por Halliburton-KBR, son destino forzoso de los trabajadores. Los testimonios abundan, como el de Ramil Autencio, narrado en el documental «La guerra de algún otro». Contactado en su Manila natal, firmó un contrato de dos años para trabajar en el Hotel Crown Plaza de Kuwait. A su llegada a Kuwait, empleados de la First Kuwaiti le informaron que no había vacantes en el hotel y que tenía tres opciones: abonar 725 euros y trabajar seis meses sin sueldo para pagar su viaje de ida, ser arrestado por ilegal, o viajar a Irak. Mientras lo pensaba, fue alojado con otros 800 filipinos.
Autencio aceptó ir a Irak y semanas después se encontró en Tikrit, sirviendo en una base sometida a fuego enemigo a diario. Nunca le pagaron. Convenció a 40 compatriotas para escapar, a bordo de un camión vacío, rumbo a Kuwait, donde tras mucho insistir lograron que su embajada les diera asilo.
Temerosos de los secuestros que obligan a pagar cuantiosos rescates, los gobiernos de la India, Pakistán, Tailandia, Filipinas y Sri Lanka han prohibido a sus nacionales viajar a Irak y tratan de aclarar estos engaños. La presidenta filipina, Gloria Macapagal, ha enviado una comisión a Irak para investigar los abusos. Dos ciudadanos de este país fallecieron en abril cuando trataban de escapar de la «zona verde». Otros cinco de la India y Pakistán han desaparecido.
Acusación
El ex embajador de Nepal en Arabia Saudita, encargado del rescate de trabajadores nepalíes embaucados por First Kuwaiti, acusa a la contratista de « forzar a los trabajadores a ir a Irak» despojándolos de su documentación para evitar que escapen.
Irónicamente, el Departamento de Estado de EE.UU. critica al gobierno de Bagdad por no impedir la entrada de mano de obra forzosa, en su informe anual del 12 de junio sobre tráfico de personas.
La estrategia de First Kuwaiti -que niega todas las acusaciones-ha sido copiada por otras contratistas que estarían abasteciendo de mano de obra asiática y africana, en concreto de Etiopía y Ghana, a empresas en Irak. Sus labores suelen ser el servicio doméstico, la construcción y la seguridad.
Según la Oficina Internacional de Migraciones, dependiente de la ONU, «centenares» de trabajadores habrían sido llevados de forma engañosa a Irak, sobre todo a Bagdad, Erbil y Suleimania, tras pagar elevadas sumas a cambio de contratos en el Golfo. «Nuestra sede en Erbil ha informado de muchos casos, algunos de gente forzada a integrarse en las milicias locales», relata Hamed Bashier, portavoz de una ONG iraquí que ha documentado los casos de 54 srilankeses y etíopes «atraídos con falsedades y que sólo se enteraron de que estaban en Bagdad cuando oyeron las explosiones».
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