Tras 8.700 bombas y misiles arrojados contra objetivos iraquíes desde que comenzó la guerra, según informó ayer el Pentágono, los combates ya llegan a las inmediaciones de Bagdad, en donde se espera «la madre de todas las batallas». Pero lejos de ocupar todo el sur del país, la coalición combate casa por casa en Bassora, Nassiriya, Kerbala y otras localidades cercanas al río Eufrates. Las víctimas civiles ya llegarían a 600, incluyendo a siete mujeres y niños que fueron acribillados por efectivos estadounidenses cuando el conductor del vehículo no obedeció una orden de detenerse, en Najaf. Las consecuencias también alcanzan a las ruinas de Babilonia, cerca de Kerbala, una ciudad que ayer sufrió uno de los ataques combinados por tierra y aire más intensos de la historia militar de Estados Unidos.
Pérdida de helicópteros por accidentes (foto) o en combates, bajas propias y civiles, dificultad para controlar ciudades. La coalición no logra, por el momento, torcer en su favor el curso de la guerra en Irak.
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Los más poderosos bombarderos norteamericanos, los viejos e indestructibles B-52, y los más sofisticados B-1 y B-2 coincidieron en el espacio aéreo de Bagdad, haciendo blanco en uno de los palacios de Qussay. Los resultados fueron nuevamente contradictorios entre la fuente iraquí y la estadounidense.
Dos pequeñas localidades al sur de Bagdad, Hindiyah e Imam Ayub, fueron el centro de la acción en el duodécimo día de guerra. Los combates afectan en particular a dos sitios muy delicados incluso para quienes son responsables de planificar la guerra:
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