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12 de diciembre 2006 - 00:00

La crisis que obligó a refundar el modelo

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A fines de 1981 afloró la segunda peor crisis económica de Chile en el siglo XX. El país alcanzó tasas de desempleo cercanas a 30% y una fuerte caída del PBI, lo que puso a prueba la adhesión del gobierno a la economía social de mercado.

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Entre 1979 y el primer semestre de 1981, el nuevo modelo económico parecía funcionar perfectamente. Sin embargo, la mezcla de bajos aranceles (10% parejo), tipo de cambio bajo y fijo y menor demanda internacional por las exportaciones chilenas fueron un menú demasiado fuerte de digerir para el empresariado. Además, existía un alto endeudamiento motivado por la masiva afluencia de «petrodólares», la eliminación de trabas al crédito externo y la política de cambio fijo (pues era indistinto endeudarse en dólares o pesos).

En mayo de 1981 sonó la luz de alarma: quebró la antigua y prestigiosa Compañía Refinería de Azúcar de Viña del Mar (CRAV) y la consternación en el mundo financiero cundió: ¿si la CRAV cayó, qué tan sólidas estaban las empresas locales?

Paralelamente, el déficit comercial se disparó, al igual que el precio del petróleo y las tasas de interés mundiales.

El 2 de noviembre de 1981, el Estado intervino cuatro bancos y cuatro financieras. Con ello, se confirmaron las dudas sobre la debilidad de la banca chilena.

Como la crisis era inminente, los economistas del gobierno militar discutieron las medidas que se deberían seguir. Una opción era decretar una baja general de los salarios para hacer más competitiva a la economía, manteniendo el dólar en $ 39, pero eso era políticamente inviable. La opción que quedaba era romper la promesa que se había hecho hasta el cansancio y devaluar.

Ello era resistido por el ministro de Hacienda, Sergio De Castro, y la mayoría de los «Chicago Boys», pero los empresarios presionaban.

  • Devaluación

    Además, el déficit en la balanza de pagos era gigantesco. Finalmente, a mediados de junio de 1982, el ministro de Economía, Luis Danús, anunció por cadena nacional que el tipo de cambio pasaría de $ 39 a $ 46 por dólar a partir del día siguiente.

    Para quienes estaban endeudados en dólares, como las constructoras, sobrevino la peor pesadilla. En cosa de semanas, se multiplicaron las quiebras, los embargos de bienes y los despidos.

    Como el sistema financiero estaba en crisis, el Banco Central inició la compra de carteras vencidas de los bancos, y se generó así la deuda subordinada. Al final, la inyección fiscal a la banca -para mantenerla operativa- costaría un tercio del PBI de la época. Simultáneamente, comenzaron a caer los grupos económicos.

    El PBI cayó 13,4% en 1982 y la desocupación oficial terminó en 19,6% (cerca de 30% incluyendo los programas especiales).

    Luego, el 13 de enero de 1983, se anunció otra bomba económica: la intervención de cinco bancos -entre ellos, el Chile y el Santiago- y la liquidación, entre otros, del BHC. Cundió el pánico en los ahorristas, quienes acudieron en masa a retirar sus fondos.

    En 1983, el PBI continuó cayendo y el descontento general desató fuertes protestas. Sólo a mediados de 1984 comenzaría a verse la luz al final del túnel.
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