5 de junio 2006 - 00:00

La gobernabilidad, el reto del presidente

Lima (enviado especial) - El desafío político más importante que deberá afrontar el nuevo presidente peruano desde su asunción, el próximo 28 de julio, es el de la gobernabilidad. Así lo imponen la fuerte polarización social y política que dejaron los comicios, la fragmentación de un Congreso sin mayorías, el carácter gelatinoso de casi todos los partidos y la proximidad de las elecciones regionales y municipales.

A 54 días de la elección del 9 de abril, primeravuelta presidencial y de renovación legislativa, las autoridades electorales difundieron recién el viernes a la noche la composición del futuro Congreso unicameral de 120 miembros.

La bancada más numerosa será la de Ollanta Humala, Unión por el Perú (UPP), que tendrá 45 escaños. Segunda quedó la del APRA, de Alan García, con 36. Tercera, con 17, la de Unión Nacional de Lourdes Flores. Cuarta, con 13, la del fujimorismo. Quinta (5), la del Frente de Centro de Valentín Paniagua. Por último, con dos legisladores cada una, la de Perú Posible (de Alejandro Toledo) y la del partido evangélico Reconstrucción Nacional.

El rápido repaso permite constatar la gran fragmentación del Legislativo, que impondrá a García abocarse rápidamente a la negociación de alianzas. Entre lo que podría ceder en ella, según dijo una alta fuente de la campaña aprista a este enviado, estaría el manejo de la economía (no quedaría en manos de un hombre del partido) para dar un a señal positiva a los mercados. El problema es que esas gestiones no serán fáciles.

Por un lado, el humalista UPP y el APRA se ven a sí mismos como protagonistas principales de la lucha política en los próximos años, por lo que es probable que entre ambos prime más la competencia que la cooperación. Más aun si se tiene en cuenta que el país entra desde hoy mismo en una nueva campaña electoral, esta vez para las elecciones regionales y municipales de noviembre, que definirán importantes cuotas de poder (con sus respectivas cajas políticas). Se consumará así el hecho curioso de que Perú viva a lo largo de este año una campaña interminable.

El tercer bloque en importancia, el de Lourdes Flores, no es ya propiamente ni bloque ni de Flores. Está integrado por tres partidos que tienen 12, 3 y 2 congresistas. Algunos de sus más importantes referentes fueron vistos (y fotografiados) en los últimos días en reuniones con representantes de las dos bancadas principales, una carrera que pronto jibarizará su número de legisladores y, con ello, lo que la sigla tiene para ofrecer en una negociación.

Por otro lado, una alianza a la luz del día entre el gobierno y el fujimorismo sería demasiado polémica, en momentos en que se define en Chile la posible extradición de Alberto Fujimori a Perú y avanzan los juicios por corrupción contra el odiado monje negro de éste, Vladimiro Montesinos. Cualquier entendimiento podría ser rápidamente denunciado como un pacto de impunidad, algo potencialmente devastador para la imagen de un presidente que no podrá disfrutar de ninguna luna de miel.

Sobre los otros partidos, si no logran conformar una bancada única de nueve miembros, poco tienen para ofrecer: apenas completar alguna mayoría para una ley puntual y el espejismo de sumarse a una vaga noción de unidad nacional.

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