Después de un primer encuentro a solas que fue calificado como «frío», los líderes de EE.UU. y Alemania, George Bush y Gerhard Schröder, se mostraron ayer afables frente a los fotógrafos para dar por superados sus entredichos sobre el conflicto con Irak.
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Los Diecinueve subrayaron que los actuales esfuerzos por transformar y adaptar la OTAN «no deben ser percibidos por ningún país u organización como una amenaza», sino como una prueba de la determinación de los aliados a la hora de «proteger a la población, el territorio y las fuerzas de nuestros países contra cualquier ataque armado, incluido un ataque terrorista dirigido desde el extranjero».
«Estamos decididos a disuadir y desbaratar cualquier ataque del que pudiéramos ser objeto y a defendernos y protegernos contra él, conforme al Tratado de Washington y a la Carta de las Naciones Unidas», añade la Declaración de Praga.
Tras los sangrientos atentados suicidas del 11 de setiembre de 2001 contra EE.UU., los Diecinueve consideran que el terrorismo «constituye una amenaza grave y creciente para la población, las fuerzas y el territorio de los países de la Alianza». Por ello, se declararon «decididos a combatir esta plaga todo el tiempo que sea necesario», por medio de una respuesta «multiforme y global».
La declaración de la cumbre de Praga publicada da cuenta de la aprobación por los líderes de un conjunto completo de medidas encaminado a capacitar a la OTAN para afrontar las nuevas amenazas, especialmente el terrorismo y las armas de destrucción masiva.