Bruselas (El Mundo, EFE, Bloomberg, AFP) - Las monedas nacionales de doce países europeos pasaron ayer definitivamente a la historia, al cumplirse con éxito el cronograma para la implantación del euro como única divisa de curso legal en casi todos los Estados miembros de la Unión Europea.
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Los países europeos que cuentan desde el 1 de enero con el euro como moneda común, habían dispuesto un período de transición de dos meses para distribuir euros por un valor de 646.000 millones.
Una de las naciones que adopta al euro es Grecia, que deja de lado el dracma, vigente durante 2.700 años. En la vereda de enfrente, el Reino Unido, Suecia y Dinamarca seguirán al menos por un tiempo con sus propias divisas.
Algunos habitantes de los 300 millones de la eurozona ya habían dejado de ver circular las monedas a las que estaban habituados. Los tres primeros en pagar exclusivamente en euros fueron los holandeses, desde el 28 de enero, a los que siguieron los irlandeses, el 9 de febrero, y los franceses, el 17 de febrero. Ayer dejó de pagarse con el marco alemán, el chelín austríaco, la peseta española, el marco finlandés, el dracma griego, la libra irlandesa, la lira italiana, el franco luxemburgués y el escudo portugués.
•Integración
Los líderes europeos buscaron presentar la aparición de la moneda única como un signo del impulso irrefrenable de la integración continental, y para ello organizaron anoche diversos festejos con fuegos artificiales y actos conmemorativos que habían comenzado a fines de 2001, cuando se implementó una de las operaciones logísticas más grandes que se recuerde. Se pusieron en circulación 14.300 millones de billetes y 50.600 millones de monedas, y este año se imprimirán otros 5.000 millones de papeles. Ello venciendo resistencias de poblaciones acostumbradas a la estabilidad de sus monedas desde hace años y en muchos casos, con habitantes con alto índice de envejecimiento. «La economía de la zona del euro se beneficiará sin duda alguna de este logro en los meses y años venideros», vaticinó Win Duisenberg, presidente del Banco Central.
En enero de 1999 el euro se había presentado como una divisa virtual de carácter financiero y se clavó una paridad fija a las 12 monedas intervinientes.
Pero el euroescepticismo aún campea en una minoría. No dejan de recordar que la moneda arrancó a una paridad de 1,17 dólar, y ayer con un euro se compraban 0,86 de dólar.
Además, la inflación de enero en la eurozona, primer mes de la implantación del euro, fue de 2,7% en términos interanuales, frente a 2% de diciembre. Ello muestra un exceso de la meta impuesta por el Banco Central Europeo de 2% para fin de año.
En el Reino Unido se da el índice más elevado de euroescépticos, entre los que no se encuentra el primer ministro Tony Blair, quien puja hasta con su propio partido para sumarse definitivamente a Europa. «No se pueden seguir perdiendo oportunidades», clamó Blair a principios de enero cuando gran parte de Europa saludó a su nueva moneda.
Los economistas advierten sobre «la pérdida de la política cambiaria de cada país como una herramienta para hacer frente a los vaivenes de la economía, sobre todo con realidades tan diferentes como puede ser el caso francés del griego, lo que puede generar alguna incertidumbre», sostiene un informe de la Fundación Capital.
Lejos de los fuegos de artificio, con habitantes menos convencidos de profundizar su asociación, en Alemania el adiós al marco se desarrolló sin grandes festejos. Claudia Roth, presidenta del partido Los Verdes (en la coalición gubernamental), optó por guardarse el último marco junto a la «foto del abuelo y la abuela», según explicó al diario «Der Tagesspiegel». En cambio, su rival político y presidente del Partido Liberal (FDP), Guido Westerwelle, parece no sentir el menor vínculo sentimental con la moneda del «milagro» alemán y aseguró a ese mismo diario haber gastado sus últimas unidades en propinas a taxistas.
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