Tras ocho años de penurias, las enfermeras búlgaras abrazan a sus seres queridos en
el aeropuerto de Sofía. En sus primeras declaraciones confirmaron que sus confesiones
de haber contagiado de sida a cientos de niños libios les fueron arrancadas bajo tortura.
Sofía (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - Cinco enfermeras y un médico búlgaros condenados a muerte en Libia por cargos de haber infectado a 438 niños con el virus del sida fueron extraditados ayer a su país y liberados al llegar, tras un acuerdo alcanzado entre Trípoli y la Unión Europea, con una activa participación de Francia.
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Los especialistas liberados en Sofía gracias a un indulto presidencial habían sido condenados por el contagio a los menores a fines de los 90 en el hospital de Bengazhi.
Después de un polémico proceso de ocho años, en el que sus confesiones -dijeron- les fueron arrancadas bajo tortura, la pena capital les fue conmutada la semana pasada tras acordar Bulgaria el pago de indemnizaciones millonarias a las familias de los menores. Ayer, finalmente, Libia les concedió la extradición.
Valentina Siropoulo, una de las enfermeras, relató al arribar a su país: «Tras ser detenida, me trataron de una manera horrible, me pegaron, me dieron puñetazos, me torturaron con electricidad y me colocaron electrodos en las manos hasta que me obligaron a confesar». «Soy completamente inocente. No se por qué la policía me eligió para esta acusación. Estos ocho años en la cárcel han sido muy duros y larguísimos; ahora sólo quiero olvidar», añadió.
Incredulidad
«Sé que soy libre, sé que estoy en suelo búlgaro, pero aún no puedo creerlo, dijo la enfermera Christiana Valcheva, de 48 años. «No sé qué decir, llevoesperando tanto tiempo este momento», señaló su colega Snezhana Dimitrova, de 54 años, entre lágrimas y abrazos de sus familiares. Episodios similares se vivieron con las enfermeras Siropoulo, Valia Cherveniachka y el médico palestino Achraf Joumaa Hajuj, recientemente nacionalizado búlgaro. «¡Estoy en Bulgaria, la gran Bulgaria!», exclamaba el profesional.
La condena a los empleados sanitarios había sido altamente cuestionada desde el principio por la comunidad internacional, que avalaba una investigación del profesor francés, Luc Montagnier, coordinador del equipo médico que descubrió el sida. Según ese documento, la causa de la propagación de la enfermedad fue la mala condición higiénica del hospital y no un contagio deliberado, como sostenían los abogados de las víctimas.
Luego del arribo a Sofía, las condenas quedaron sin efecto mediante un indulto decretado por el presidente búlgaro, Giorgi Parvanov. El mandatario se manifestó aliviado por la solución del proceso, que calificó como «dramático caso de las inocentes enfermeras condenadas en Libia».
En el avión que llevó a los seis liberados a Sofía viajó también la primera dama de Francia, Cecilia Sarkozy; la comisaria de Relaciones Exteriores de la Unión Europea, la austríaca Benita Ferrero-Waldner; y el secretario general de la presidencia francesa, Claude Gueant, quienes ultimaron las negociaciones (ver aparte). «Lo que no lograron en ocho años decenas de hombres lo obtuvieron dos mujeres en tres días», comentó la televisión pública búlgara Btv.
Documento
Ferrero Waldner firmó con Libia un documento de dos páginas que refleja los términos del pacto y cómo mejorarán los lazos entre ambas partes, señaló una fuente europea. «Cubre todo: comercio, apoyo a la arqueología, inmigración ilegal, becas para estudiantes y cuestiones de visados», señaló.
En ese sentido, el canciller de Libia, Mohammed Abdel-Rahman Shalgam, expresó que el tratado abrió el camino para «una cooperación completa y una sociedad entre Libia y el bloque» europeo.
Por su parte, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, anunció que hoy viajará a Trípoli para reunirse con su par libio, Muammar Kadhafi. La extradición ocurrió después de que la UE y Trípoli acordaran una indemnización de 461 millones de dólares, un millón para cada una de las familias afectadas.
Por la labor de los funcionarios, el consejo comunal de la capital búlgara resolvió declarar a la pareja presidencial francesa y a la comisaria Ferrero-Waldner ciudadanos ilustres de Sofía. Estados Unidos, por su parte, expresó su «felicidad» por la conclusión del caso.
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