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Después de semanas de en ocasiones amargas escaramuzas públicas, los líderes de los 15 países miembros y 10 futuros integrantes de la unión afrontaron las cuestiones más sensibles sobre los derechos de voto, los puestos en la Comisión Europea ejecutiva y la integración de la defensa de la Unión Europea.
Las disputas enfrentan a una mayoría de países miembros pequeños, que temen perder influencia, frente a las grandes potencias de la UE -Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña-, estas últimas decididas a que el tamaño de su población y peso político se reflejen en la toma de decisiones de la UE.
Polonia, que busca no quedar debilitada por los gigantes del bloque cuando entre en la UE el próximo año, ha unido fuerzas con España para oponerse a cualquier cambio de los votos ponderados de los países que se decidieron en Niza a finales del año 2000.
"Nada ha cambiado", dijo el primer ministro polaco, Leszek Miller, a periodistas en su avión hacia Bruselas.
"No vemos ninguna posibilidad de desviarnos de Niza".
Las decisiones finales no se esperan hasta diciembre, pero el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, advirtió a los líderes el miércoles que Europa no debía caer en una lucha de poder impropia en las próximas semanas.
También instó a la presidencia italiana de la UE a presentar propuestas de compromiso pronto, porque el tiempo se acaba.
Francia y Alemania, que quieren que el borrador de Constitución elaborado en junio por una Convención de legisladores y delegados nacionales se adopte con los menos cambios posibles, darán el simbólico paso de hablar con una sola voz en la sesión del viernes.
El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, que preside la cumbre de la UE, dijo que estaba dispuesto a convocar una reunión nformal adicional de líderes el próximo mes sobre la Constitución, si era necesario.
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