Después de dos años de desencuentros, Estados Unidos consiguió el aval del Consejo de Seguridad de la ONU para su plan de transición en Irak. El apoyo coincide con la cumbre del G-8 en Sea Island, en la que George W. Bush buscará apoyos para un Gran Medio Oriente democrático. La resolución exige que en 2006 se retiren tropas extranjeras del país árabe.
George W. Bush y Silvio Berlusconi se saludan ayer en el balneario estadounidense de Sea Island, en la cumbre del G-8. «Elegimos la estrategia justa. No negociamos con terroristas », se congratuló Berlusconi.
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Cuatro miembros del G-8 (EE.UU., GB, Italia y Japón) apoyaron en su momento la operación contra el régimen de Saddam Hussein, mientras otros cuatro se opusieron (Francia, Alemania, Rusia y Canadá). La resolución de la ONU efectuada ayer en Nueva York tuvo el apoyo de los miembros permanentes con derecho a veto (EE.UU., Rusia, Francia, Gran Bretaña y China), y de los otros diez países que ocupan plazas transitorias.
Los principales puntos aprobados comprenden lo siguiente:
• Los más de 100.000 efectivos estadounidenses permanecerán en Irak luego del 30 de junio, solamente a solicitud del gobierno iraquí, que está descontada.
• Estados Unidos e Irak se comprometen a establecer una cooperación sobre « operaciones militares delicadas», una frase que ayudó a lograr el acuerdo de París y Berlín.
• El mandato de la fuerza militar multinacional liderada por EE.UU. expirará, en cualquier caso, a fines de enero de 2006.
• El gobierno interino soberano de Irak (ya designado con aprobación de EE.UU., que encabeza el jeque
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