Algunos de los afiches de la campaña de Hugo Chávez
que empapelan Caracas. El presidente venezolano sabe
que una elevada abstención mellaría el impacto político
del triunfo que espera lograr en las urnas.
Caracas - Son entre 3 y 7 millones, un mundo de votos, ambiguo y volátil pero, sobre todo, disconforme que según las encuestas abarca a entre 18% y 45% de los 16 millones de venezolanos que están habilitados para elegir este domingo entre Hugo Chávez y Manuel Rosales a su próximo presidente.
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Son los «ni-ni», votantes más desencantados que indecisos, que no están «ni con un bando, ni con otro» -de allí surge la denominación-. Un ejército irregular, no alineado, que se confiesa harto de los partidos tradicionales, pero también mira de reojo al chavismo que desde hace ocho años gobierna Venezuela.
Con propósitos marcadamente diferentes, en el último envión de la campaña electoral -que se clausura el viernes-, Chávez y Rosales enfocaron sus discursos y sus movimientos a la conquista del impredecible y heterogéneo universo de los «ni-ni». Son miradas distintas; dos objetivos:
Chávez aspira a lograr un bajo nivel de abstención en la votación del domingo porque, según afirman en su comando de campaña, es el mejor recurso para «legitimar» la elección. En el planteo, una denuncia: el riesgo, advierten, de sobre el filo del domingo, la oposición decida no participar de los comicios con denuncias de fraude. Parece poco probable pero, evalúan los chavistas, una «gran concurrencia» es la única garantía de que el bolivariano sea respaldado por una amplia mayoría. El número mágico para el oficialismo es 7 millones: ésa es la cantidad de votos que necesita Chávez.
Rosales, como todo candidato que rema desde atrás, se abraza a los «ni-ni» como su esperanza para, en el empujón final, revertir una elección que asoma esquiva: la mayoría de las mediciones lo ubica entre 15 y 20 puntos debajo de Chávez. Así y todo, en el comando «Atrévete» de Rosales advierten que el domingo habrá una «avalancha» de votos a favor del candidato presidencial opositor. «Los ni-ni se volcarán hacia Rosales», se mostró confiado Willian Ojeda, director del Voluntariado que impulsa la postulación del ex gobernador de Zulia.
A su modo, Chávez y Rosales activan para que el 3-D -modo que eligió la prensa, emulando el 11-S, para hacer referencia a la elección del 3 de diciembre-haya un alto nivel de concurrencia a votar.
Cada uno con sus urgencias. El bolivariano debe remontar la performance de las legislativas de diciembre pasado cuando, según números oficiales del Consejo Nacional Electoral, apenas votó 30% de los empadronados mientras que, informalmente, se habla de que la cifra fue todavía menor: alrededor de 20%.
Desde el comando chavista, el diputado Ricardo Capella Mateo estimó que la concurrencia será de 70% y que, de ese porcentaje, el presidente obtendrá 60% y el opositor Rosales se quedará con 30%. El 10% restante se repartiría entre los otros trece candidatos a presidente que quedan en carrera.
Otro pronóstico
A su vez, Darío Vivas, otro integrante del equipo de campaña del presidente, estimó que 60% de los votos irá para el bolivariano, 24% para Rosales y 14% para los «ni-ni».
Los cálculos varían. Luis García Mora, un analista abiertamente crítico del presidente venezolano, calculó en 25% la cifra de «ni un bando ni otro» y recordó que en los últimos años Chávez logró capturar entre «20% y 22%» de ese sector conformado por «desanlentados» que «no buscan nada en la política de la oposición».
¿Por qué esa postura? El analista lo vincula con que los dirigentes de la oposición les generan «rechazo» y que siguen respaldando a Chávez porque todavía «no han sido tocados» en materia económica.
Datos más o menos, Chávez y Rosales desplegaron sus juegos para atraer a los «ni-ni». Considerado un moderado -otros sostienen que es «poco carismático»-, el candidato opositor martilla con un discurso de «paz y unidad nacional», en abierto antagonismo al «patria o muerte» que pregona Chávez.
Justamente, el tono belicosodel bolivariano es uno de los factores que espanta a los «ni-ni». Por esa razón, en sus últimos discursos de campaña, Chávez suavizó sus comentarios.
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