En Brasil el dólar registra fuertes alzas, mientras que los mercados de valores han sufrido bajas y hay una pérdida de confianza en la economía, en medio de una turbulencia financiera que amenaza con convertirse en crisis generalizada.
La situación es atribuida por agentes de los mercados al "efecto Lula", o sea la preferencia en la intención de voto que mantiene este ex dirigente sindical de izquierda que compite por cuarta vez a la presidencia.
Lula, líder del Partido de los Trabajadores (PT), critica duramente la política económica de Fernando Henrique Cardoso, quien termina el 1 de enero próximo su segundo período de cuatro años.
Durante ocho años el gobierno ha dado prioridad al control de la inflación y del gasto fiscal y ha logrado estabilizar los indicadores económicos.
Como contrapartida, según economistas de la oposición, el crecimiento ha sido demasiado bajo, el ingreso real de los trabajadores se ha deteriorado y las cuentas del país son tan frágiles que dependen de los capitales internacionales.
Lula arremetió hoy contra Cardoso y su equipo económico y afirmó que el gobierno es ajeno a los verdaderos intereses de Brasil.
"La cabeza y los pies los tienen en Washington y en el sistema financiero, nunca estuvieron aquí", afirmó Lula.
Atribuyó a intereses del gobierno y de la prensa local la intensa difusión de malas noticias financieras.
La actual incertidumbre ha despertado entre los brasileños el miedo a épocas pasadas de devaluación y alta inflación.
"Nadie aguanta más, desde la primera a la última página sólo se habla de la crisis económica. Son los vendedores del pesimismo en Brasil", acusó Lula.
El candidato oficialista, José Serra, segundo en las encuestas y favorito de los inversionistas, es visto por estos como una garantía de continuidad de la política de Cardoso.
Lula habló a unos 300 trabajadores de una fábrica, que puso como ejemplo de "optimismo" y éxito en sustitución de importaciones.
Criticó los altos intereses, el "capital especulativo", que "no salvó a Rusia ni a Argentina ni a ningún país sino a los banqueros".
La campaña electoral comenzará oficialmente el próximo sábado, pero desde hace semanas la política ha estado inyectando nerviosismo al panorama económico.
Agencias calificadoras de riesgo e inversionistas temen que el país no soporte un cambio en la orientación política del gobierno ni en la estrategia económica que es bendecida por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
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