«La pérdida de la pureza del PT», como definen en Brasil al caso de corrupción que destapó vínculos del partido gobernante con la mafia del juego, ya le cuesta seriamente en imagen a Luiz Inácio Lula Da Silva. El brasileño intenta por todos los medios salvar a su gurú político, José Dirceu, a quien apuntan todas las miradas desde la última semana. Ayer trascendió que enviará un proyecto al Congreso para estatizar unos mil bingos que desde el viernes fueron suspendidos con el argumento de que funcionaban en un limbo legal. Se teme por el futuro político de Dirceu, artífice del giro al centro de Lula. Pero uno que no estaría apenado es el ministro de Hacienda, Antonio Palocci, quien tuvo que soportar críticas del jefe de la Casa Civil ahora caído en desgracia por las altas tasas de interés. El carnaval entró en cuenta regresiva y con su fin termina la impasse para que Lula tome decisiones.
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Dado que en Brasil existe un vacío legal en cuanto al funcionamiento de los bingos, Lula decidió decretar su cierre hasta que el Congreso los regule. La medida de Lula significa «una posición firme y decidida contra el crimen; el gobierno no está jugando, no habrá reapertura», atajó el ministro en una entrevista con «O Estado de S. Paulo». Informate más
Según aventuraba ayer «Folha de Sao Paulo», faltan seis votos en el Senado para que se forme en su seno una comisión investigadora, instancia que el gobierno quiere evitar a toda costa.
La crisis impactó de lleno en los mercados la semana pasada. La Bolsa de San Pablo cayó 5,2%, aunque el viernes parecía retornar a la calma. Muchos en el mercado temen la salida de Dirceu -ex guerrillero de izquierda-:
Por el contrario, otros analistas consideran que una salida de Dirceu fortalecería al ministro de Hacienda,
Una encuesta posterior al escándalo reveló que aumentó a 18 desde 8 por ciento la cantidad de brasileños que consideran «pésima» la gestión de Lula Da Silva. La encuestadora independiente Gerp efectuó para «Jornal do Brasil» una muestra entre el 14 y el 17 de febrero que afirma que la calificación de gobierno «óptimo» cayó de 10 a 5 por ciento, siempre según Gerp. La calificación buena cayó de 30 a 26 por ciento y la regular de 39 a 36 por ciento. El puntaje general arroja 2,9 puntos globales de evaluación sobre 5 posibles, 0,35 menos que en enero.
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