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2 de noviembre 2012 - 21:00

Manhattan post-Sandy: historia de dos ciudades

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Por Adrian Bono desde Nueva York.- Es una mañana de frío en Nueva York pero eso no detiene a los turistas que pululan por las calles aledañas a Times Square. Los ejecutivos de traje suben y bajan de taxis en Midtown, maletín en una mano, celular/tablet en la otra, y mencionan al pasar el rastro de destrucción que dejó una tormenta que muchos científicos llamaron "la tormenta del siglo" y que hizo que aquellos que no creen en el cambio climático se lo pensaran dos veces. 

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Lo peor ya pasó, y los neoyorquinos tienen la capacidad innata de levantarse de las cenizas y seguir adelante. Hoy en la gran manzana, es un día como cualquier otro.
O al menos en la mitad de la manzana. 

Apenas a siete calles al sur de Times Square se desarrolla una situación muy diferente. Todo al sur de la calle 39 volvió a la era del oscurantismo. Literalmente. 

Desde que Sandy tocó tierra el lunes por la noche, casi un cuarto de millón de personas están sin electricidad, y los efectos del apagón ya se empiezan a notar. Si uno se detiene en la esquina de la calle 39 y la 2da Avenida después del anochecer, es como estar en el umbral de un universo paralelo. Al mirar al norte, la ciudad vibra como nunca. Taxis, semáforos, restaurantes que desbordan de clientes y familias que cenan frente al televisor en un penthouse frente al Chrysler. 

Al mirar al sur, el escenario es exactamente el contrario. La ciudad está envuelta en oscuridad absoluta, a excepción de alguna linterna junto a una ventana y las luces de los taxis que se animan a adentrarse a la boca del lobo. Algunas luces tenues son los pocos vestigios visibles al ojo humano. Eso, y el olor a lámpara de gas que inunda las calles. 

Los negocios están cerrados - todavía muchos con la fachada cubierta de paneles de madera por el huracán -, los restaurantes abandonados y los vecinos atrincherados en sus casas, con sólo una linterna como arma. O, en algunos casos, a medida que crece el temor de una ola de saqueos, una pistola de verdad. 

Cinco días después de que se fuera la electricidad, todo dispositivo móvil (celulares, tabletas) ya se quedaron sin batería a pesar de que sus dueños racionaran su uso a unos minutos al día. Y en todo caso, aún si funcionaran, las torres de telefonía celular de la mitad sur de Manhattan ya no tienen combustible, por lo que en lo que a comunicaciones se refiere, la zona entera es un agujero negro. 

No hay electricidad, ni señal de celular, ni alarmas contra intrusos. No hay cajeros, no hay efectivo, no hay comida. Por la noche, el Bajo Manhattan es un gran signo de pregunta.

Durante el día, la situación mejora levemente y muchos vecinos intentan mantener su rutina diaria de pasear sus mascotas y charlar del clima con desconocidos. "Decidí que me mudo a la casa de un amigo en Midtown," dice Robert del East Village. "Hace cinco días que no sé lo que pasa en el mundo y me estoy volviendo loco." 

Mientras habla, una caravana de camiones de la Guardia Nacional atraviesa la Avenida Lexington. Los vehículos arrastran varios generadores y tanques de combustible. "Estamos tratando de cargar las torres de celulares, así por lo menos la gente puede volver a usar los teléfonos," explica uno de los conductores, y aclara que restablecer las comunicaciones es prioridad para el alcalde. 

Para Hillary, ama de casa con dos hijos del Lower East Side, la situación es desesperante. "No parece real. Me siento en una de esas películas de Hollywood. Me tengo que mudar con mi familia a Brooklyn, a la casa de una amiga, y abandonar todo lo que tengo. Me da terror. Y ahora además hay rumores de que en algunos lugares la electricidad podría tardar 45 días en regresar. No sé qué voy a hacer."  

En la esquina de Broadway y la 14, Union Square sigue cerrada al público por la cantidad de ramas caídas. Del norte se acerca un bus turístico de doble piso y los turistas se pierden las vistas tradicionales de la ciudad para sacarle fotos a la gente que hace fila para que le den una botella de agua y a las bocas de subterráneo tapadas hasta arriba con cinta amarilla que dice "Caution ." Lo cierto es que el disaster porn (obsesión por tragedias surgidas por accidentes o catástrofes naturales) es mucho más poderoso que las ganas de ver el edificio Flatiron.  

Más hacia el sur, el silencio en las calles por la falta de tránsito da una extraña sensación de paz. Los vendedores de bolsos falsificados de Chinatown y los hipsters del SoHo se fueron con la tormenta. Lejos quedaron los recuerdos de Friends o Sex and the City. Ahora parece una escena de The Walking Dead.  

En la entrada de un edificio del SoHo alguien pegó con cinta un cartel escrito a mano: "En la calle Sullivan entre Spring y Boone conseguí señal de celular! " Y es que la señal de celular o la conexión a WiFi en la zona pasaron a ser un commodity. Muchos caminan sin rumbo fijo, buscando señal, y el sólo hecho de llevar un vaso de Starbucks en la mano hace que muchos se amontonen alrededor para preguntar " Donde compraste eso!?" No buscan café. Un Starbucks abierto significa WiFi gratis y un enchufe. Cuando se les responde que el local está al norte de la 39, donde todavía hay civilización, la emoción se transforma en decepción.  

Muchos de los que viven en el lado oscuro (así los llaman los que tienen la suerte de tener electricidad) deciden llevar celulares al norte de la frontera e invadir Midtown en un esfuerzo para no enloquecer. Entre las calles 40 y 50, cada Starbucks está a tope de gente que hace cola para conectarse a internet y actualizar su estado en Facebook para que sus amigos puedan saber que siguen vivos. Incluso después de cerrar, muchos se quedan en la vereda con sus iPads en el aire, en un esfuerzo por robar un poco de conexión.  

Los lobbys de los bancos, donde están los cajeros automáticos, se convirtieron en "estaciones de recarga" improvisadas, donde muchos refugiados recargan sus dispositivos móviles o aprovechan para resguardarse del frío junto a sus mascotas. 

Afuera de Nueva York, muchos hacen uso de internet para burlarse de los neoyorquinos. "Haganse hombres! Acurdensé de Katrina !" o "Haití la pasó peor!" son algunos de los comentarios dando vueltas por las redes sociales. Después de todo, Nueva York es la ciudad que lo tiene todo.  

Y es cierto. Haití, Cuba y las Bahamas también sufrieron por el huracán. Pero eso no significa que lo que hay en Nueva York no es una crisis humanitaria. Todavía quedan 250.000 personas sin electricidad en la isla. Muchos de ellos son gente mayor de bajos recursos que vive en edificios muy altos en el Barrio Chino y el Lower East Side, y se les hace imposible subir o bajar 25 pisos. Incomunicados y con la comida que se acaba, sus hogares se convirtieron en prisiones. 

Y si bien esperan que la Cruz Roja o la FEMA (la agencia federal para manejo de emergencias) brinden ayuda, el gobierno ya dijo que la prioridad por ahora es devolver la energía eléctrica y la cobertura de celular a la zona, y que el transporte público vuelva a funcionar normalmente.  

Es por esto que muchos de los que tienen el lujo de acceder a internet, por iniciativa propia, se ofrecen en los últimos días como voluntarios para donar agua, comida, linternas y pilas a los que lo necesiten. ONG's como Recovers.org, GOLES.org o la CAAAV reclutan gente de los cinco distritos de Nueva York para que revisen edificio por edificio y ayuden a aquellos que por enfermedad o por ser de edad avanzada no tengan la posibilidad de moverse.

"Esto es otro 11-S, aunque sin tantos muertos," dice Janet from Brooklyn. "Me siento tan mal por todo esto. Espero que económicamente podamos recuperarnos."  

Se estima que el Huracán Sandy trajo una pérdida de 50 mil millones de dólares a la costa este de EEUU. 20 mil millones por los negocios perdidos y 30 mil millones en daños. 

Pero, como un pasajero le comenta a otro en un colectivo atestado de gente, hay algo positivo que sacar de todo esto. "Lo mejor de Sandy es que parece que finalmente nos dimos cuenta de que el cambio climático es un tema que nos tiene que preocupar," dice. Y parece tener razón.  

El jueves, el alcalde de Nueva York Mike Bloomberg anunció que en las elecciones presidenciales de la semana que viene va a votar por Obama, y el factor de decisión fueron sus esfuerzos desde la Casa Blanca por luchar contra el cambio climático.  

En un país en que todavía muchos creen que, a pesar de la cantidad abrumadora de evidencia a favor, el cambio climático es un mito creado por el progresismo, que este tema una vez más se convierta en el centro de atención en las esferas de Washington es un tema a considerar.

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