La Paz (AFP).- El presidente Evo Morales denunció ayer que está en curso "una conspiración interna y externa a la democracia, a mi gobierno y a Bolivia", tras los sangrientos choques por la posesión de un yacimiento de estaño que arrojó un saldo de 16 mineros muertos y 61 heridos.
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"Después de profundas reflexiones llegué a la conclusión de que aquí en Bolivia hay una conspiración interna y externa a la democracia, a mi gobierno y a Bolivia", dijo el gobernante izquierdista.
Morales evocó que en semanas pasadas "hemos escuchado que algunos partidos o movimientos no aceptan este proceso de cambio, no aceptan la nacionalización de los hidrocarburos y por eso iniciaron una demanda de inconstitucionalidad".
También que "en algunas reuniones dijeron que de buenas o de malas tiene que fracasar la Asamblea Constituyente", donde Morales articula la "refundación" del país, vía redacción de una nueva Constitución.
La oposición de derecha "busca cualquier argumento, cualquier pretexto para hacer fracasar la Asamblea Constituyente", que comenzó a aprobar su reglamento de debates recién esta semana luego de más de dos meses de estancamiento.
Estos movimientos, encarnados en organizaciones cívicas de cuatro regiones, "no quieren que se termine el neoliberalismo" vigente en el país desde 1985, deploró Morales en un discurso en la casa de gobierno.
"Por eso quiero hacer un llamado al pueblo boliviano: apostar juntos, unidos para esta transformación profunda que permita al pueblo vivir con igualdad, con justicia", subrayó.
Morales también postuló que "estos hechos (de violencia entre mineros) deben ser profundamente investigados para dar con autores materiales e intelectuales, (porque) no puede quedar así".
"No es posible que algunos sectores quieran adueñarse, dominar los recursos naturales" en beneficio de sus propios intereses, señaló.