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1 de diciembre 2006 - 00:00

Multitud en el Líbano exigió la renuncia del gobierno

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Se reunió casi un millón de personas en contra de Siniora.
Beirut (AFP).- Centenares de miles de manifestantes movilizados por Hizbollah y la oposición pro-siria manifestaron ayer en Beirut y bloquearon el acceso a la sede del gobierno para reclamar la renuncia del primer ministro pro-occidental, Fuad Siniora.

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La concentración, interpretada como una demostración de fuerza, se desarrolló sin incidentes y la mayor parte de la multitud se dispersó tranquilamente al final de la jornada.

Por la noche, los manifestantes también levantaron la sentada organizada por los opositores y desbloquearon las principales carreteras en dirección al Grand Serail, la sede del gobierno, que estuvo protegida durante todo el día por un imponente dispositivo militar, indicó una fuente gubernamental a la AFP.

Los manifestantes habían dispuesto tiendas de campaña en la zona con intenciones de mantener una larga ocupación de la zona.

El primer ministro Siniora siguió el desarrollo de los acontecimientos desde el Grand Serail, donde permaneció reunido toda la jornada con un grupo de ministros de su gabinete.

Miles de personas, de todos modos, decidieron pasar la noche en el centro de la ciudad.

"Siniora, vete", "Siniora, vete", coreó la multitud que enarbolaba banderas libanesas, que se congregó en el centro de la capital y en las inmediaciones de la sede de gobierno respondiendo al llamado formulado por el jefe de Hizbollah, Hassan Nasralá.

Tanto la televisión Al Manar, órgano del Hizbollah chiíta, como la emisora cristiana LBCI cifraron los manifestantes en "cientos de miles".

El líder de la oposición cristiana, Michel Aun, se dirigió a la multitud desde un podio rodeado de un cristal a prueba de balas.

El ex jefe de gobierno pidió la renuncia de Siniora, que "ha cometido muchos errores", y acusó a su gobierno de practicar la corrupción en "forma cotidiana".

El líder opositor pidió además a los manifestantes que continuasen con la sentada "hasta que logremos nuestros objetivos" de instalar un nuevo gobierno de unidad.

Para evitar el contacto directo entre soldados y manifestantes, Hizbollah desplegó un cordón formado por miles de sus "hombres disciplinados", que mantuvieron un estricto control de la multitud. El ejército libanés tenía instrucciones de mantener el orden y no tomar partido en la protesta.

"Nos quedaremos aquí hasta que caiga el gobierno Siniora. Nadie puede entrar ni salir. Hemos venido para quedarnos", dijo a la AFP uno de los organizadores.

Previamente, el jefe druso y prominente líder anti-sirio Walid Jumblatt criticó la protesta y pidió a los manifestantes que permanecieran en calma.

"Esto es un intento de golpe (de Estado), pero seguiremos firmes", indicó a la prensa.

La manifestación, después de una crisis que mantiene paralizados desde hace semanas el gobierno y las instituciones del país, tenía por objetivo explícito provocar la caída del gobierno de Siniora, surgido de la mayoría anti-siria que ganó las elecciones parlamentarias de mayo-junio 2005.

En ese caso, sería necesario convocar a elecciones legislativas anticipadas.

El líder de Hizbollah, movimiento que salió reforzado de su resistencia a la operación militar israelí del pasado verano, había pedido el jueves una alta participación en el evento, en un anuncio televisivo recibido con disparos al aire de júbilo en varias partes de Beirut.

"Llamamos a todos los libaneses, de todas las regiones y de todas las corrientes políticas, a participar en la manifestación popular, pacífica y civilizada del viernes", aseguró Nasralá.

El primer ministro había replicado ese mismo día que su gobierno "no cederá" a las tentativas de restablecer "la tutela" extranjera sobre Líbano.

Siniora se refería a los 29 años de presencia siria en Líbano (1976-2005), que terminó a finales de abril de 2005 por la presión de la comunidad internacional y de las manifestaciones callejeras.

El sector anti-sirio, en el poder desde las elecciones de 2005, sospecha que Siria quiere restablecer su tutela sobre Líbano y en particular impedir el proyecto de crear un tribunal internacional para juzgar a los asesinos del ex primer ministro Rafic Hariri, fallecido en un atentado en Beirut el 14 de febrero de 2005.

Responsables sirios y libaneses han sido acusados del atentado, pero Siria siempre negó su implicación.

Desde hace varias semanas, Hizbollah, apoyado por Siria e Irán, reclama para él y sus aliados cristianos un mayor espacio dentro del gobierno, del cual cinco ministros chiitas y un sexto pro-sirio dimitieron, acusando a la mayoría antisiria de acaparar el poder.

Desde entonces, la legitimidad del gobierno ya no es reconocida ni por el jefe del Estado, Emile Lahud, ni por el presidente del Parlamento, Nabih Berri, ambos vinculados a Siria.

Las tensiones entre pro y anti-sirios se agravaron después del asesinato del ministro Pierre Gemayel, tras el cual los dirigentes de la mayoría vieron una vez más la mano de Siria.

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