ESTRELLA CITADINA. Fernsehturm, la Torre de la Televisión de Berlín, fue erigida por la RDA en 1969 en Alexanderplatz. La antena, con 368 metros de altura, es desde entonces la estructura más elevada del país y su silueta es omnipresente en la ciudad. A su hora, los soviéticos buscaban dar una impronta moderna y avanzada a la zona bajo su control.
CIUDAD ALTERNATIVA. “Berlín no es Alemania”, suelen decir. La capital se destaca por la diversidad de orígenes de sus habitantes y su gran propuesta cultural. Sus calles, a veces sucias, y sus viviendas monotemáticas poco tienen en común con la imagen prolija de otras urbanizaciones como Múnich. Pero es creativa, joven, moderna, y recibe a todos con los brazos abiertos.
HUELLA COMUNISTA. Con la unificación, la avenida Stalin pasó a llamarse Karl Marx. Construida entre 1951 y 1955, sus dos kilómetros de largo están rodeados por palacios de impronta soviética. Pero no todos fueron edificios imponentes. También se erigieron viviendas sociales en masa de diez pisos, sin detalles, solo diferenciados unos de otros por el color de la pintura exterior.
PASADO VIVO. Algunos tramos del muro continúan en pie en los barrios de Friedrichshain, Kreuzberg y Mitte, y funcionan como un imán para el turismo. Para los alemanes, sin embargo, representan un capítulo negro de su historia, durante el que tres millones de personas fueron separadas por un un amasijo de de cemento y hierro.
MUSEO AL AIRE LIBRE. La calle Bernauer aloja una exposición dotada de intervenciones artísticas, contenido audiovisual interactivo y fotografías de las familias cuyas viviendas sirvieron como límite para trazar el muro.
MUSEO AL AIRE LIBRE. La calle Bernauer aloja una exposición dotada de intervenciones artísticas, contenido audiovisual interactivo y fotografías de las familias cuyas viviendas sirvieron como límite para trazar el muro.
PASADO VIVO. Algunos tramos del muro continúan en pie en los barrios de Friedrichshain, Kreuzberg y Mitte, y funcionan como un imán para el turismo. Para los alemanes, sin embargo, representan un capítulo negro de su historia, durante el que tres millones de personas fueron separadas por un un amasijo de de cemento y hierro.
CIUDAD ALTERNATIVA. “Berlín no es Alemania”, suelen decir. La capital se destaca por la diversidad de orígenes de sus habitantes y su gran propuesta cultural. Sus calles, a veces sucias, y sus viviendas monotemáticas poco tienen en común con la imagen prolija de otras urbanizaciones como Múnich. Pero es creativa, joven, moderna, y recibe a todos con los brazos abiertos.
HUELLA COMUNISTA. Con la unificación, la avenida Stalin pasó a llamarse Karl Marx. Construida entre 1951 y 1955, sus dos kilómetros de largo están rodeados por palacios de impronta soviética. Pero no todos fueron edificios imponentes. También se erigieron viviendas sociales en masa de diez pisos, sin detalles, solo diferenciados unos de otros por el color de la pintura exterior.
SÍMBOLO TURÍSTICO. El Checkpoint Charlie, bajo dominio estadounidense, fue uno de los principales puntos de tránsito entre el Este y el Oeste durante la Guerra Fría. Tras la caída del muro instalaron una garita emulando el antiguo control militar y rápidamente se convirtió en una de las principales atracciones de Berlín.
CUATRO PODERES. Así como sucedió con el resto del país, la hoy capital fue ocupada por cuatro potencias la Unión Soviética (URSS), Estados Unidos, Reino Unido y Francia al finalizar la Segunda Guerra Mundial. La división entre el Este y el Oeste concretó el 7 de Octubre de 1949, cuando se promulgó la Constitución de la República Democrática Alemana (RDA). Tiempo después, las tres zonas occidentales y el Berlín este conformaron la República Federal de Alemania. Ese statu quo continuó hasta 1989.
MARCA DE FUEGO. El trazo del Muro de Berlín quedó a la vista en toda la ciudad. Ya no existe una pared que la separe en dos. El país se reunificó, pero las diferencias prevalecen. El oeste sigue siendo la región más próspera y desarrollada, mientras que en el este el desempleo es mayor y ha sido motivo de alarma el crecimiento de la ultraderecha en el poder.
PASADO VIVO. Algunos tramos del muro continúan en pie en los barrios de Friedrichshain, Kreuzberg y Mitte, y funcionan como un imán para el turismo. Para los alemanes, sin embargo, representan un capítulo negro de su historia, durante el que tres millones de personas fueron separadas por un un amasijo de de cemento y hierro.
MARCA DE FUEGO. El trazo del Muro de Berlín quedó a la vista en toda la ciudad. Ya no existe una pared que la separe en dos. El país se reunificó, pero las diferencias prevalecen. El oeste sigue siendo la región más próspera y desarrollada, mientras que en el este el desempleo es mayor y ha sido motivo de alarma el crecimiento de la ultraderecha en el poder
CIUDAD ALTERNATIVA. “Berlín no es Alemania”, suelen decir. La capital se destaca por la diversidad de orígenes de sus habitantes y su gran propuesta cultural. Sus calles, a veces sucias, y sus viviendas monotemáticas poco tienen en común con la imagen prolija de otras urbanizaciones como Múnich. Pero es creativa, joven, moderna, y recibe a todos con los brazos abiertos.
CIUDAD ALTERNATIVA. “Berlín no es Alemania”, suelen decir. La capital se destaca por la diversidad de orígenes de sus habitantes y su gran propuesta cultural. Sus calles, a veces sucias, y sus viviendas monotemáticas poco tienen en común con la imagen prolija de otras urbanizaciones como Múnich. Pero es creativa, joven, moderna, y recibe a todos con los brazos abiertos.
BURBUJA INMOBILIARIA. Cuando se eliminaron las restricciones al tránsito los habitantes de la RDA abandonaron sus viviendas y huyeron del oriente. Sus departamentos vacíos fueron ocupados por músicos, artesanos e inmigrantes, que en conjunto crearon un sub-mundo que no tardó en ponerse de moda. Desde entonces, el valor del metro cuadrado ha ido en ascenso, y en barrios como Friedrichshain o Kreuzberg, otrora refugio los menos acaudalados, son frecuentes las protestas por el aumento de los alquileres o por desalojos inminentes.

Dejá tu comentario