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7 de julio 2003 - 00:00

Oleada de ataques guerrilleros tras atentado terrorista en Moscú

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Partes militares desde Chechenia dieron cuenta de un policía muerto en la capital chechena, Grozni, al explotar una bomba que intentaba desactivar en una carretera, y de un blindado destruido en la localidad de Roshni-Chu, donde murió otro soldado ruso.

En la aldea chechena de Gordalí fue asesinado el jefe local de la Administración pro-rusa, Hamid Saiduláyev, y en el distrito de Shalí un guardaespaldas del líder islámico de la zona leal a Moscú.

Además, tres agentes especiales rusos murieron al dinamitar los rebeldes el vehículo en el que patrullaban por Grozni, y el mando ruso elevó a cinco muertos y catorce heridos el número inicial de víctimas del helicóptero MI-8, estrellado la víspera en Chechenia.

Aunque autoridades locales y rusas habían afirmado al principio que el helicóptero cayó por problemas técnicos, una comisión del ministerio de Defensa llegada de Moscú halló "decenas de orificios de bala" en su cola y confirmó que fue "abatido" por la guerrilla.

En la catástrofe del MI-8 murieron dos altos cargos castrenses, Anatoli Tolmachov, jefe del Estado Mayor de la Comandancia Militar General rusa en Chechenia, y Román Bayazítov, comandante militar del distrito chechén de Kurchalói.

Los militares se habían desplazado a Kurchalói para interrogar a los familiares de Zuleján Alijadyíeva, cuyo pasaporte fue hallado entre la ropa de una de las dos terroristas que se inmolaron la víspera durante un festival de rock en un aeródromo de Moscú.

Según los últimos datos oficiales, en el doble atentado murieron 15 personas, incluidas ambas terroristas suicidas, y hasta otras sesenta resultaron heridas, de las cuales la mitad aún permanecen hospitalizadas en cinco clínicas de Moscú.

Fuentes médicas citadas por la agencia oficial Itar-Tass dijeron que nueve víctimas siguen en estado grave, otras ocho se encuentran muy graves y cinco más están en estado crítico, con quemaduras en un 70 por ciento de su cuerpo.

El Ayuntamiento de Moscú decretó mañana martes día de duelo en la capital por las víctimas del atentado, atribuido con toda seguridad a los extremistas chechenes y perpetrado en el aeródromo de Túshino durante un concierto de rock al que asistían unos 20.0000 jóvenes.

El ala moderada de la guerrilla separatista chechena negó su implicación en el atentado, que los militares rusos atribuyeron a los sectores más radicales de los rebeldes y, concretamente, a un batallón de mujeres suicidas llamado "Viudas Negras".

La Policía rusa dijo que una de las terroristas habían llegado a Moscú procedente de Georgia, pero, tras desmentir Tiflis la noticia, afirmó que había venido de Ingushetia, república del Cáucaso vecina de Chechenia y que alberga a decenas de miles de sus refugiados.

El atentado en Moscú obligó al presidente de Rusia, Vladímir Putin, a cancelar el domingo una gira asiática, aunque sólo apareció en público hoy, dos días después de la tragedia, para exigir una guerra sin cuartel contra el terrorismo.

Según Putin, el objetivo de los terroristas es frustrar el "proceso político" que impulsa el Kremlin para Chechenia, pues el atentado se produjo un día después de convocarse en la república elecciones presidenciales para legitimar a las autoridades leales a Moscú.

De esta forma, Putin salió al paso a las criticas a su plan de paz para Chechenia, que descarta todo diálogo con los separatistas y se basa en los resultados de un reciente referéndum que, en medio de la guerra, reconoció a la república como parte de Rusia.

"La tragedia chechena sigue sin resolver. Las elecciones en Chechenia son una profanación, pues no habrá paz en esa república ni en el resto del país hasta que las autoridades aborden con seriedad el problema", afirmó el diputado liberal ruso Borís Nemtsov.

El Gobierno del presidente chechén deslegitimado por Moscú, Aslán Masjádov, calificó hoy de "parodia de la democracia" las elecciones presidenciales convocada por el Kremlin en medio de una guerra que ya dio por terminada, pero que sigue causando víctimas.

"El sangriento espectáculo electoral ideado por el Kremlin -al igual que la farsa del 'referéndum', cuando decenas de miles de tropas de ocupación votaron por los centenares de miles de personas asesinadas, mutiladas o expulsadas de su tierra-, busca maquillar con tintes democráticos la colonización del pueblo de Chechenia", afirmó el "ministro de Exteriores" chechén, Ilias Ajmádov.

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