Hugo Chávez sigue empeñado en crear una suerte de «petrosocialismo» en Venezuela. A su reciente amenaza de expropiar «empresas improductivas» para entregarlas a los empleados sumó ayer una iniciativa más polémica y peligrosa. El oficialismo impuso el peso de su mayoría en el Congreso y aprobó una ley que permite al gobierno apropiarse de 6 mil millones de dólares de las reservas del Banco Central, nada menos que 20% del total. El destino de ese dinero es todavía más controvertido que su origen: se volcará enteramente a gasto social de tipo clientelista. Obvio: Chávez se prepara para las elecciones municipales de diciembre y, más aún, para las presidenciales del año próximo. Quiere imponer su paraíso socialista imaginario, cueste lo que cueste.
Inclusive si en el intento se desperdicia la espléndida, pero acaso pasajera, posibilidad de desarrollo que el boom petrolero está dando a su país.
Según analistas opositores, semejante nivel de gasto clientelista es posible sólo gracias a los precios históricos que el petróleo, principal producto de exportación del país, está registrando en los mercados internacionales.
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