En los Estados Unidos, el ente regulador de los medios de comunicación, la Federal Communications Commission, ha vuelto a proponer la liberalización del sector de los medios de comunicación masiva, removiendo las prohibiciones y restricciones que existen con el propósito de evitar la conformación de monopolios de prensa.
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Siguiendo las huellas del anterior presidente del organismo, Michael K. Powell (que fracasó estrepitosamente en un intento similar, hace tan sólo tres años), el nuevo presidente, Kevin J. Martin (que, como su antecesor, es un funcionario que goza de la confianza de George W. Bush), acaba de anunciar que procurará dejar sin efecto la regla que, en los Estados Unidos, prohíbe expresamente a una empresa cualquiera ser dueña al mismo tiempo de un diario y de un canal de televisión o de una estación de radio en la misma ciudad, restricción que, obviamente, procura evitar la concentración de los medios de comunicación masiva en pocas manos.
Esa restricción apunta a evitar que cualquier grupo propietario de medios de comunicación masiva pueda ejercer (cual máquina de repetir mensajes) una influencia desmesurada en la opinión pública, lo que para muchos es un auténtico -y gravísimo- riesgo para la salud de la democracia.
Aparentemente, el nuevo intento « desregulatorio» que se materializaría en diciembrecontaría con el apoyo de tres de los cinco miembros de la referida comisión. Es decir, con los votos de los comisionados republicanos, que votarían a favor de la propuesta. Y sin los votos de los dos comisionados demócratas que -en cambio- estarían encendidamente en contra de la iniciativa. Uno de los comisionados demócratas, Michael J. Copps, se opone vehementemente a cualquier cambio en dirección a permitir la existencia y la operación de monopolios de información.
Audacia
De cara a los comicios del año próximo (que -por ahora- auguran un triunfo de los demócratas), el intento del comisionado Martin parece audaz. Y seguramente provocará la misma reacción -tormentosamente adversa- y los mismos encendidos debates que generó en su momento la propuesta realizada por su antecesor, quien no logró concretar una iniciativa similar, detenida en su momento por decisión judicial.
En los Estados Unidos -cabe recordar- rigen (desde 1974) otras restricciones similares al control de los medios de comunicación masiva -además de la ya apuntada- que pretenden evitar los monopolios de prensa. Por ejemplo, una empresa en particular sólo puede tener el control de dos estaciones de televisión en los mercadosmás grandes, si hay -en el respectivo mercado- por los menos ocho estaciones de televisión y una de las que ella controla no está entre las cuatro más grandes. Asimismo, nadie puede controlar más de ocho radios en ninguno de los mercados más importantes. Porque la diversidad está en la esencia misma de la libertad de opinión, y la concentración, en cambio, en sus antípodas.
El debate que se reabre polarizaría los puntos de vista. Para las empresas, para las que el manejo de la información sólo tiene cara de negocio, la posibilidad de concentrar en sus manos el control sobre el mayor número posible de medios hace a la optimización de la rentabilidad de sus proyectos. En ese camino, algunos tienen ya permisos precarios con los que están dejando de lado las restricciones mientras tratan de consolidar su posición con la esperanza de que se concreten los cambios legislativos que para ello se requieren. En cambio, para los que se preocupan por las consecuencias de la concentración (que los argentinos conocemos bien), el fenómeno debe evitarse como defensa de la libertad de opinión. Entre los últimos, en los Estados Unidos, aparece la propia Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica.
Hasta la fecha, el ente que prohija la nueva iniciativa desreguladora -que preocupa- ha recibido millones de cartas adversas. Pero los intereses económicos siguen, como siempre, empujando. Como en todas partes.
(*) Ex embajador de la Argentina ante las Naciones Unidas.
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