Pánico en EEUU por derrumbe de edificio: descartan atentado
El espectro del terrorismo volvió a recorrer ayer Nueva York, cuando una fuerte explosión provocó el derrumbe parcial de una escuela técnica en Manhattan. De inmediato, ese sector de la ciudad se convirtió en un caos, y el pánico se apoderó de la población, que creyó revivir el trágico 11 de setiembre, el día de los ataques a las Torres Gemelas. Esa sensación se agudizó al informarse de un importante incendio en un lujoso hotel de Miami. Sin embargo, las autoridades explicaron más tarde que ambos siniestros fueron accidentales.
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La explosión fue acompañada de una llamarada, que se dirigió hacia el hueco del ascensor y creó un desastre en el edificio de la Kaltech y en el adyacente, de ocho pisos, de una escuela técnica a la que concurren los estudiantes de reparación de acondicionadores de aire y de automóviles, la Apex School. Los pisos de varias plantas se desmoronaron, las cornisas se desplomaron, los vidrios estallaron en una parte considerable de la manzana y centenares de personas, ganadas por el pánico, se dieron a la fuga precipitada de los edificios vecinos.
•Relatos
«Nos dijeron que huyéramos del edificio, corrí lo más que pude», dijo Scott Bonilla, un joven de Brooklyn que concurría diariamente a las clases de la Apex School. «Escuchamos un ruido muy fuerte y corrimos», dijo Pedro Rodríguez, otro alumno de la escuela. «Cuando se escucha una explosión en Nueva York, uno no pierde el tiempo y sale corriendo», agregó.
Al lugar llegaron a los pocos minutos más de un centenar de bomberos, convocados para intervenir desde todos los cuarteles de la zona, los mismos que todavía ostentan en sus fachadas grandes banderas y cartelones con los nombres de los colegas muertos en el World Trade Center.
El Departamento de Policía envió brigadas de expertos en explosivos y cerró todas las calles de la zona, colocando inmediatamente a todo el tráfico de Nueva York en un caos que bloqueó todo el centro y sur de Manhattan.
Al cabo de los primeros interrogatorios, el FBI se apresuró a asegurarles a los aterrorizados neoyorquinos que «no había sido un atentado».
Decenas de personas ensangrentadas y envueltas en el polvo de los escombros fueron socorridas en las calles, brindando una escena que también en este caso recordó de inmediato todas las imágenes de los empleados del centro financiero que el 11 de setiembre huyeron del área de las Torres Gemelas que se derrumbaban.




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