El gráfico muestra la evolución de algunos de los proyectos armamentistas más ambiciosos del Pentágono en los últimos años. En estos casos, las prestaciones obtenidas no guardaron proporción ni con las expectativas ni con los recursos destinados.
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Es la chatarra de alta tecnología que usan las fuerzas armadas de EE.UU. Una chatarra descomunalmente cara y que hace, por ejemplo, que Estados Unidos dependa más de los venerables B-52, de 50 años de antigüedad, que de los modernos B-1, diseñados para sustituirlos. O que los tanques M-1 Abrams, que Rumsfeld quiere retirar en beneficio de nuevos juguetes tecnológicos que se han convertido en un elemento central de la guerra en las calles de Bagdad o Falluja.
Algunos de esos vehículos, como el Predator, se han hecho famosos en
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