«Es horrible. Quizá se subió pensando que el agua no lo alcanzaría. O tal vez el agua le arrastró hasta allí», dice el joven Surapong bajando la cabeza.
El maremoto se llevó primero a los turistas que aprovechaban los primeros rayos del sol de la mañana en la playa, arrastró después a quienes desayunaban en los restoranes o se bañaban en las piscinas y finalmente entró en las habitaciones, atrapando a los huéspedes en su interior.
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