Washington (AFP, Reuters, DPA) - Por primera vez, Estados Unidos presentó ayer cargos por narcotráfico contra algunos jefes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y pedirá a Bogotá la captura y extradición de los mismos, en otro paso más que busca acorralar a la guerrilla colombiana, ya sea del lado de la lucha contra el terrorismo o contra el tráfico de drogas.
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El expediente del juicio es contra Tomás Molina Caracas, alias «Negro Acacio», a quien el fiscal general John Ashcroft identificó como jefe del Frente 16 de las FARC, que supuestamente controla una pista de aterrizaje clandestina en el este de Colombia. Los otros acusados en el caso son los colombianos Carlos Bolas y Nelson Barreras, además de tres brasileños, entre ellos «Fernandinho Beira Mar».
Los cargos contra las FARC se basaron en una investigación de la Oficina de Lucha contra las Drogas (DEA), cuyo director, Asa Hutchinson, afirmó que Molina reunía cocaína de los frentes 1, 7, 10, 39 y 44 de la guerrilla. La demanda fue presentada en momentos en que el presidente George W. Bush busca que el Congreso apruebe un incremento de la ayuda militar del Plan Colombia.
Ashcroft afirmó que el dinero que pagan los drogadictos estadounidenses es usado por las FARC para comprar armas, municiones y otros materiales. Se calcula que en el año 2000, los estadounidenses gastaron 62.900 millones de dólares en drogas ilícitas. Más de la mitad -36.100 millones- se empleó para comprar cocaína, casi toda colombiana.
En tanto, en Cali, una multitud se congregó frente a la capilla ardiente del obispo Isaías Duarte Cancino en la catedral de San Pedro. Mientras que tanto las FARC como el ELN indicaron que el asesinato no fue de su autoría, el fiscal general de Colombia, Luis Camilo Osorio, tenía «datos» para aportar sobre el financiamiento del narcotráfico de la última campaña electoral para los comicios parlamentarios.
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