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27 de junio 2005 - 00:00

Presidenta filipina negó fraude electoral pero reconoció error

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"Reconozco que hacer esa llamada fue una falta de juicio.
Lo siento, y también lamento haber tardado tanto en hablar sobre este asunto", dijo la presidenta en un mensaje televisado a la nación, que rompió su silencio sobre el escándalo de las escuchas telefónicas ya conocido como "Gloriagate".

El discurso a la nación, anunciado horas antes por su portavoz, se produjo en medio de la mayor crisis en el mandato de Arroyo, con su popularidad bajo mínimos, la oposición unida para pedir su renuncia y rumores de intentos de desestabilización.

Macapagal Arroyo reconocía así implícitamente que es ella quien habla con el funcionario Virgilio Garcilano en las cintas del escándalo, en las que ella le pide seguridades de que superará en un millón de votos al candidato opositor, Fernando Poe.

"Como recordaréis, el proceso de adjudicación de votos fue innecesariamente lento...Estaba ansiosa por proteger mis votos, y durante ese tiempo tuve conversaciones con mucha gente, incluido un funcionario electoral. No intentaba influir en los resultados de la elección, y no lo hice. La elección ya estaba concluida y los votos contados", señaló la presidenta.

"Asumo plena responsabilidad por mis acciones ante todos los buenos ciudadanos que hayan visto quebrarse su fe en mí por estos acontecimientos. Puedo aseguraros que he redoblado mis esfuerzos para servir a la nación y ganar vuestra confianza", agregó la mandataria.

La crisis se inició hace más de un mes, cuando el propio portavoz presidencial, Ignacio Bunye, difundió las grabaciones y afirmó que habían sido manipuladas, y aseguró que se había adelantado para hacer fracasar una conspiración de la oposición.

Desde entonces, la presión fue aumentando para que Arroyo dijera si era su voz o no, mientras las cintas del ya famoso "Hello, Garci" (el saludo de la presidenta al funcionario Garcilano) se vendían en los mercadillos o se bajaban de Internet y miles de filipinos ponían el latiguillo como tono de llamada en sus móviles.

Bunye señaló, tras la intervención de Macapagal Arroyo, que con el reconocimiento de que cometió un error ético al llamar al funcionario electoral el asunto debe quedar zanjado "para la gente más razonable", aunque agregó que "no hay duda que sus detractores seguirán agitando la controversia para su propio beneficio".

Las palabras de Arroyo de seguro que no satisfarán a los opositores de izquierda, que habían pedido claramente la renuncia de la mandataria cinco años antes de concluir su mandato con acusaciones de corrupción y de mala gestión económica.

"Nada menos que su renuncia o su destitución será suficiente para llegar a la justicia, la verdad y las reformas", había dicho antes de la intervención el líder del partido de izquierda Bayan Muna (Pueblo Primero), Teddy Casiño.

"El sentido del honor debería llevarla a anunciar esta noche su renuncia inmediata e irrevocable", señaló el diputado opositor.

Un abogado particular, Oliver Lozano, presentó hoy ante el Parlamento un proceso de incapacitación contra la presidenta.

Según la legislación filipina, cualquier ciudadano puede presentar este tipo de demanda política ante el Congreso, donde tendrá que ser refrendado por al menos un tercio de los diputados para su envío al Senado.

El origen de las cintas continúa siendo un misterio, aunque la tesis más repetida es que se divulgaron tras ser grabadas ilegalmente por la inteligencia militar.

La semana pasada, el arzobispo Oscar Cruz -que lleva a cabo una cruzada particular en contra del juego ilegal- echó más leña al fuego al acusar a Macapagal Arroyo de haber financiado sus campañas electorales con dinero procedente del "jueteng".

Arroyo llegó al poder en 2001 desde su puesto de vicepresidenta, cuando una revuelta popular destituyó al entonces presidente Joseph Estrada, actualmente bajo arresto domiciliario acusado de corrupción por beneficiarse precisamente de ese juego ilegal.

En mayo de 2004 revalidó su mandato frente al popular actor y candidato opositor Fernando Poe, que murió meses después sin haber aceptado su derrota, al igual que toda la oposición.

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