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16 de mayo 2007 - 00:00

Prestigio afuera; carencias adentro

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París - A los 74 años, Jacques Chirac baja el telón sobre doce años en la Presidencia y más de cuatro décadas en la política. Superdotado para conquistar el poder, pero menos para ejercerlo, el camaleónico mandatario deja un balance presidencial de claroscuros.

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Quedará en la escena internacional como la voz de la oposición a la guerra en Irak y de la defensa del multilateralismo y la solidaridad con el Sur, pero también como responsable del freno de la Unión Europea (UE).

El conservador Nicolas Sarkozy acudirá a Berlín hoy, tras asumir la jefatura del Estado, para evidenciar con la canciller alemana y presidenta de turno de la UE, Angela Merkel, el relanzamiento del proceso institucional, paralizado desde el «no» francés y holandés a la Constitución en sendos referendos hace dos años.

Chirac, que en su último Consejo europeo en marzo pasado lamentó «no haber hecho quizás» todo lo necesario para evitar «algo que ha sido malo para Europa y Francia», ha instado desde entonces a sus compatriotas a comprometerse con la «vital» construcción europea.

Pero ha reivindicado su « determinación» para que el euro saliera adelante, su «iniciativa» en el despunte de la Europa de la defensa y su combate de «siempre» por la ecología.

En la UE será recordado por su acérrima defensa de los intereses de la agricultura gala más que por una visión de largo plazo: tras unos comienzos difíciles con el canciller Gerhard Schröder, acabó forjando con él una gran amistad y privilegió el eje francoalemán para tratar de imponer sus posiciones a sus socios.

El ingreso en 2004 de 10 nuevos países en la UE (a varios de los cuales había pedido «callarse» porque apoyaban a EE.UU. en la crisis de Irak) cambió la ecuación y el «no» a la Constitución europea en 2005 dejó a Francia debilitada en la UE y a la Unión paralizada.

Amante y gran conocedor de las culturas «primeras», asiáticas y africanas, y crítico de la conquista de América, Chirac se ha apasionado más por grandes causas globales, como la « diversidad cultural» o la ecología y la lucha contra la pobreza en el mundo en desarrollo que por impulsar la construcción de la UE.

  • Mayor gloria

    La hora de mayor gloria internacional de quien había sido muy criticado por reanudar las pruebas nucleares al llegar al Elíseo fue su oposición en 2003 a la guerra de Estados Unidos y sus aliados en Irak, con el consiguiente deterioro de los lazos con Washington. Si bien no pudo impedir esa guerra, obligó a EE.UU. a lanzarla sin el aval de la ONU.

    En el ámbito nacional, el elegido en 1995 con la promesa de reducir la «fractura social» deja un país con más desigualdades, un desempleo más bajo pero superior a la media europea y que afecta especialmente a los jóvenes, una deuda pública abultada y, según los sondeos, una población que mira el futuro con pesimismo.

    Además, los escándalos de corrupción relacionados con sus 18 años como alcalde de París empañan su balance.

    Pero este firme enemigo del antisemitismo y el racismo también quedará como el primer presidente que asumió las páginas oscuras de la historia de Francia y quiso reparar injusticias del pasado.

    Este temible «animal político», para quien combatir las ideas de la extrema derecha fue «la lucha de toda» su vida, fue reelegido en 2002 con 82% de los votos después de que su contrincante ultraderechista eliminara al socialista en la primera ronda.

    Escarmentado por el conflicto social de diciembre de 1995, Chirac evitó las reformas radicales y, después de que la victoria de la izquierda en 1997 truncara su primer mandato, lanzó en el segundo reformas a medias de las pensiones y de la Seguridad Social.
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