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15 de mayo 2006 - 00:00

Prócer busca pedestal

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Si el boxeador Rocky Balboa ganó muchos títulos en el cine (hasta un Oscar), el ego de Sylvester Stallone, el actor que lo interpretó cinco veces, perdió por KO varios. Ayer se supo que recién ahora la comisionada de propiedad pública de Filadelfia, Joan Schlotterbeck, decidirá qué hacer con la gigantesca estatua de Rocky que Stallone donó a la ciudad en 1992, y que hasta hoy estaba arrumbándose en un depósito porque nadie la quería.

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Stallone donó a Filadelfia esa estatua de 2,62 metros y una tonelada de peso, en la que su personaje aparecía vestido con shorts de combate, zapatillas y guantes de boxeo. El actor pretendía que la colocaran en la parte más alta de las escalinatas del Museo de Filadelfia, que se hicieron famosas gracias a las escenas filmadas en ella en la primera parte de la saga de «Rocky». Pero, en su momento, las autoridades del Museo de Arte, además de la Comisión de Arte de la ciudad, rechazaron (casi con espanto) tan generosa iniciativa. Dijeron que esa estatua era «un horror».

Para evitar el desaire, y tras una larga negociación, la estatua fue efectivamente ubicada en las escalinatas durante algunos meses, aunque al cabo de ese tiempo la desterraron de allí y la llevaron al Spectrum, Complejo Deportivo de Filadelfia.

A los directores de ese centro, sin embargo, el adefesio artístico tampoco les provocaba mucho placer. Luego hubo otro traslado, para terminar en el depósito, arrumbada y a la sombra.

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