Raúl Castro endurece el régimen con nombramiento
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Ramiro Valdés junto a Fidel Castro, en una foto de archivo. El nombramiento del primero,
un cuadro duro del régimen cubano, puede haber sido una imposición del propio Fidel para
galvanizar la dictadura.
Valdés, que acostumbra vestir uniforme verde oliva, reemplaza a González Plana, a quien «le serán asignadas otras tareas», añadió el periódico, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba. Hasta su designación y desde 1996 el veterano militar se desempeñó como presidente del Grupo de Electrónica «con amplia experiencia y resultados positivos en su labor», según «Granma».
Se trata de «un individuo de total confianza lo mismo de Raúl que de Fidel», agregó Menoyo, quien no obstante consideró que lo «correcto» hubiera sido incorporar «cuadros nuevos, gente joven. No me parece bien, sino una cosa histórica, del pasado».
Para el opositor el primer mes de provisionalidad no arrojó «cambios significativos»: «no me sorprendería que Fidel regrese, aunque lo inteligente sería que aprovechara esta disyuntiva y se diera cuenta de que ha sido un trabajador incansable que necesita el retiro», añadió en línea con otros opositores.
Según analistas y exiliados, la designación de Valdés busca apuntalar un gobierno de «unidad nacional». Se trata de un nombramiento del que se infiere la intención del gobierno de «atraerse» a mandos no especialmente afectos a Raúl Castro para fraguar un modelo de «unidad» en el proceso de sucesión, dijo Jaime Suchlicki, profesor del Instituto de Estudios Cubanos de la Universidad de Miami (UM).
Puede ser también, agregó el especialista, que el nombramiento sea una designación «impuesta» por Fidel Castro para blindar «las filas revolucionarias y que no haya divisiones internas» ni fisuras dentro del régimen. En cualquier caso, la designación «no significa cambio alguno, sino todo lo contrario, un endurecimiento» del sistema y «no una apertura», señaló Suchlicki.
Con el mismo diagnóstico coincidió el ex analista de la CIA, Briam Latell, quien sostuvo que el gobierno cubano busca vertebrar, con ese nombramiento, un régimen de «unidad y unificación de todos sus elementos». La premisa cubana, según Latell, consiste en «presentar un frente unido al mundo, a la administración de Bush y al exilio cubano en Miami».
Para Ricardo Bofill, presidente del Comité Cubano pro Derechos Humanos, está muy claro que el gobierno castrista persigue articular «un balance de poder interno», ya que Valdés «fue el brazo ejecutor de Fidel Castro y su colaborador más directo». Bofill, que estuvo preso en las cárceles castristas durante 16 años, afirmó que se trata de un «gesto político para desempolvar una figura» que, si bien mantuvo una «rivalidad personal con Raúl», ésta nunca se tradujo en «discrepancias ideológicas». Valdés es «una suerte de verdugo», un hombre de «vida disoluta, un mediocre y un vago» muy preparado para «las intrigas», pero «ineficiente y pésimo administrador», agregó Bofill.



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