La Habana (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - Cuba cumplirá hoy seis meses de cesión «provisional» del mando y ausencia pública de Fidel Castro, sin grandes cambios en el sistema comunista y bajo un gobierno más hermético liderado por su hermano Raúl Castro.
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El dictador, de 80 años, entregó el mando por primera vez el 31 de julio tras una cirugía de la que aún convalece, y puso a Cuba en la insólita coyuntura de vivir «con pero sin» su líder, que se recupera «muy bien», según sostuvieron en reiteradas ocasiones las voces oficiales en medio de un escepticismo internacional.
Desde el anuncio, la enfermedad ha sido declarada un «secreto de Estado» y las escasas apariciones de Fidel en fotos y videos no soslayaron las conjeturas sobre su permanencia en el poder y el futuro de la isla.
Observadores creen difícil su retorno y aseguran que ya comenzó una sosegada transición pese a que Castro haya dicho en su más reciente mensaje, el 30 de diciembre, que su recuperación no es una «batalla perdida».
«Estamos en la era post-Fidel, claro que sí. Los cubanos han empezado una nueva época, una época que se distingue por la ausencia de un liderazgo carismático y ausencia de un caudillo porque Fidel fue un caudillo carismático, y Raúl no lo es», dijo el ex integrante de la CIA Brian Latell.
Incertidumbre
Cuba, para el opositor Manuel Cuesta Morúa, «va a otro rumbo pero no está claro cuál, porque no se sabe cómo va a definirse el poder político. A veces entendemos que es el Partido Comunista, a veces los militares, a veces los dos en una fórmula no escrita. Además, no sabemos si Raúl tiene la vocación y voluntad de asumir el liderazgo», declaró.
Un ping-pong de versiones sobre la salud de Castro arreció estos últimos meses desde afuera, en gran parte por el hermetismo que envuelve al «secreto mejor guardado» de Cuba.
Estados Unidos dice que le quedan «meses» de vida y el diario español «El País», que su pronóstico es «grave», basado en fuentes del hospital madrileño donde trabaja José García Sabrido, quien lo había examinado en diciembre y descartó una enfermedad terminal, diagnóstico que ratificó. Anoche, intentando despejar los rumores, la TV local lo mostró --demacrado, pero de pie-en un video junto a Hugo Chávez quien lo visitó el lunes pasado.
En Cuba, la prensa estatal ignoró ambas versiones pero difundió ampliamente las optimistas del venezolano Hugo Chávez, quien dijo que su amigo se recupera bien y está «casi trotando». Pero opositores, analistas y no pocos diplomáticos coinciden en que para el cubano ya «no hay retorno» al poder, no al menos como hasta antes de julio.
Ilegal para La Habana, que la considera «mercenaria», la oposición se concentra ahora en Raúl, de 75 años, proclive a un gobierno colegiado diferente del liderazgo unipersonal de su hermano, cuyo estilo, dijo, no busca «imitar».
Al frente del equipo de seis hombres en los que Fidel delegó responsabilidades en su proclama, Raúl -que no ha aflojado la represión-se mostró como dicen que es, discreto y renuente a los discursos.
Reemplazo
Pero en sus pocas intervenciones dejó claros algunos puntos, como que su « insustituible» hermano sólo puede ser reemplazado por el Partido Comunista y que alienta el disenso del que salen «las mejores decisiones», dijo en un foro universitario.
Cauto, el economista independiente y disidente Oscar Espinosa Chepe consideró improbables «cambios profundos en Cuba mientras el presidenteesté vivo». «Creo que Raúl está consciente de la necesidad de los cambios, pero la personalidad de Fidel es tan influyente todavía y tiene un peso tan grande que me parece difícil que se hagan en vida de él», aseguró Espinosa, uno de los miembros del grupo de los 75 condenados en 2003 y con licencia extrapenal desde 2004.
A primera vista, y aunque hay motivos objetivos, los cubanos no lucen tan nerviosos por la inédita situación que viven desde que su líder «desapareció» de la escena que ocupó 48 años. La ausencia de largos discursos y de multitudinarias marchas contra el enemigo «imperialista» quizá sea la consecuencia más visible y externa de estos seis meses sin Castro. «No sé qué va a pasar, si Raúl va o no a implementar un sistema diferente. Si puede hacerlo, mejor. El no es como el hermano, ve la realidad», se esperanzó un joven funcionario de 24 años, que no quiso ser identificado.
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