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Hijo de un poeta, Guzmán, de 65 años, conocido por su carácter sereno y su tenacidad, abrió la página más difícil de la reciente historia judicial de Chile con el procesamiento del ex dictador (1973-1990), lo que le costó, según dijo ayer a periodistas, recriminaciones y sanciones de sus homólogos, y presiones.
«Me voy satisfecho, creo que se pudo llegar y hacer justicia más allá de lo que se pensaba en un inicio», dijo Guzmán en su despacho del Palacio Judicial, al que llegó para retirar sus pertenencias.
«Siempre hubo presiones, directas e indirectas, pero uno debe ser capaz de superarlas y sustraerse a ellas. Estas presiones estaban en todos los ámbitos, tanto en el Poder Judicial, estoy hablando de las altas esferas, como en el ámbito político», sostuvo.
Precisó, sin embargo, que las presiones desde el Poder Ejecutivo fueron mínimas, mientras que, según abogados de derechos humanos, fueron las acusaciones y amonestaciones de sus propios pares las que le cerraron el camino a la Corte Suprema.
«Fueron muchas veces presiones de índole contraria a la solidaridad que debe existir entre los jueces», manifestó Guzmán, quien hasta 1973 fue de derecha y llegó después a conducir más de 300 querellas contra el ex dictador.
Al preguntársele sobre la actitud ante la Justicia de Pinochet y el que fuera jefe de su policía secreta,
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