Las milicias parapoliciales aumentan en Río de Janeiro, donde las autoridades siguen ofreciendo "sugerencias" a la población para protegerse de la violencia en la capita turística de Brasil, según nuevas denuncias publicadas hoy en la prensa local.
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Milicias parapoliciales, integradas por policías, bomberos, agentes penitenciarios y ex policías, cobran una suerte de "impuesto" para proteger a los moradores de las favelas (barriadas pobres) y expulsar de las mismas a los narcos locales.
De acuerdo a O Globo, luego de expandir el dominio en 92 de las 700 favelas registradas oficialmente en Río, las milicias están aumentando su presencia "en las calles de 17 barrios", ubicados en las cercanías de esas comunidades.
"Existe en la ciudad un verdadero ejército de seguridad particular, formal e informal, entre los que se cuentan las milicias. Sin esa inversión (pago de una tasa), no es posible tener orden en algunos lugares", dijo Daniel Plá, presidente del Consejo de Comercio Minorista de Río.
Según Plá, el 60 por ciento de los comerciantes del popular Mercado San Sebastiao, centro de la ciudad, "pagan" por su seguridad una "tasa" que puede alcanzar el 5 por ciento de lo que facturan.
Armados con pistolas y fusiles, los milicianos aprovechan los horarios de descanso de sus actividades para "fiscalizar" las comunidades por las que circulan en motocicletas, automóviles y camiones propios, con chalecos a prueba de balas, consignó a su vez O Estado de S. Paulo.
"Somos policías. Coordinamos e instruimos a la población. Estamos en las comunidades, que quieren vivir bien allí", afirmó un miliciano, con 20 años de carrera en la policía.
Los milicianos afirmaron que las quejas de los habitantes fueron el motivo del inicio de operativos para expulsar de las favelas al Comando Vermelho (CV), la facción criminal más antigua de la ciudad.
Según uno de ellos, que como el resto de los entrevistados no fue identificado, los traficantes que actuaban allí se trasladaron a otras favelas, a las que aún no llegaron las milicias.
Las milicias mantienen algunas actitudes "asistencialistas" de los narcos locales, como la de proveer garrafas de gas; intervenir ante peleas entre vecinos o mandar a la escuela a un niño, si lo ven en las calles en horario escolar.
Además de "administrar" las áreas, los parapoliciales actúan como "justicieros", tal como los narcos, relató una mujer al afirmar que "mataron" un joven de la favela por haberse peleado con su hermano.
"Los milicianos nos exigen el pago de la 'tasa' sí o sí, bajo amenaza de no protegernos y hasta de no dejarnos circular. Y muchas veces nos maltratan", dijo Aparecida das Neves, de 43 años, moradora de Río das Pedras, oeste de la ciudad.
Das Neves llegó a esa comunidad a inicios de 2006, luego de haber vivido más de 20 años en la Rocinha, la favela más grande de la Latinoamérica -con unos 170.000 habitantes-, y de donde se mudó "por la violencia constante" de los enfrentamientos entre presuntos narcos y policías.
"Nos habían dicho que la situación aquí era más tranquila, por las milicias. Pero no sé qué es peor", subrayó la mujer.
La actuación de las milicias en las favelas fue uno de los presuntos motivos de la ola de ataques a delegaciones y garitas policiales, e incendios de ómnibus en Río, que causaron la muerte de al menos 25 personas y dejó unos 30 heridos.
El primer día de los ataques, jueves 28 de diciembre, los agresores lanzaron panfletos en los que criticaron a "las milicias que maltratan a los pobres de las favelas".
La ola de violencia llevó a las autoridades del estatales a solicitar al gobierno federal el envío de tropas de elite de la Fuerza Nacional de Seguridad, integrada por policías militares y bomberos de todo Brasil, cuyo arribo es esperado en los próximos días.
En tanto, las autoridades siguen ofreciendo a la población "sugerencias" para protegerse, como la divulgación de los teléfonos de distintos batallones militares de la ciudad, a los que se puede llamar para consultar "si hay tiroteos" en los lugares por los que se pretende circular.