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Mientras altos funcionarios perfilaban el borrador de acuerdo que rebajará de 6.000 a 1.700-2.200 el número de cabezas nucleares por cada país, un influyente general ruso denunció como "inadmisible" la amenaza de EEUU contra un supuesto "eje del mal".
Antiguo segundo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y en la actualidad senador, el general Valeri Manílov criticó con energía esa descripción del presidente norteamericano, George W. Bush, en relación con Irak, Irán y Corea del Norte.
"Es en principio inadmisible poner etiquetas a países soberanos, y mucho más cuando proceden de viejos patrones ideológicos", afirmó Manílov al exigir que toda acción armada debe aprobarla la ONU.
Los tres países que según Bush integran el "eje del mal" han mantenido en mayor o menos grado una vieja amistad con Moscú, que hoy tiene fuertes intereses en ellos.
Manílov dijo a la agencia Itar-Tass que sería "contraproducente" desenterrar en el siglo XXI conceptos como el de "imperio del mal" que aplicó a la URSS el ex presidente de EEUU Ronald Reagan.
Volver a esas etiquetas "reminiscentes de los peores estereotipos de los tiempos de la Guerra Fría" en lugar de centrarse en la nueva era de cooperación "inevitablemente conduce a la división y deja en segundo plano la lucha contra el terrorismo", subrayó.
Las declaraciones del general coincidieron con la apertura de dos días de reuniones entre el subsecretario norteamericano de Estado, John Bolton, y el viceministro ruso de Exteriores, Gueorgui Mamédov.
Fuentes rusas dijeron que la negociación en sí sobre el borrador del acuerdo sobre "estabilidad estratégica" se celebrará el martes, pero otros medios diplomáticos aseguraron que las conversaciones se iniciaron hoy mismo.
El objetivo de la negociación, segunda ronda en el estudio de un documento concreto que plasma por escrito el nuevo techo de armas nucleares ofensivas de ambos países, es llegar a tiempo para firmar el acuerdo el próximo mes de mayo.
Moscú y Washington han anunciado su intención de que el acuerdo esté listo para la visita de Bush a Moscú y San Petersburgo los días 23 al 25 de ese mes.
Durante la primera ronda, celebrada en Washington el pasado 30 de enero, la negociación dio un gran paso adelante, al aceptar EEUU la pretensión de Moscú de que el acuerdo se formalice por escrito.
Hasta entonces Washington se negaba por entender que precisamente un tratado o acuerdo firmado sería algo del pasado, cuando los dos países eran enemigos.
Pero Rusia no ha podido hasta ahora convencer a EEUU para ceder en otras exigencias, resumidas en la frase reiterada constantemente por Moscú de que el acuerdo de armas nucleares debe contener cortes "radicales, reales y verificables".
Con el término "reales" el Kremlin denunció el plan de EEUU de "destruir algunas, pero no todas" las armas nucleares incluidas en el acuerdo, para "almacenar" el resto con posibilidad de volverlas a montar en caso de necesidad por eventuales amenazas futuras.
Rusia también mostró inquietud ante la imposibilidad de controlar las cabezas nucleares almacenadas, y por ello exige que el acuerdo no se refiera sólo a las ojivas, sino a los misiles portadores.
La reuniones Bolton-Mamedov coinciden con un visible bajón en la amistad y solidaridad ruso-estadounidense tras el ataque terrorista del 11 de septiembre.
Hasta cuatro decisiones unilaterales de EEUU han molestado a una Rusia que se unió a la coalición antiterrorista como nunca lo había hecho y que facilitó la presencia militar norteamericana en países de la antigua Unión Soviética sin rechistar.
La primera "bofetada", como denunciaron círculos nacionalistas en Moscú, fue el anuncio de abandono por Washinton del tratado ABM de misiles antibalísticos, considerado por Rusia clave del desarme.
Luego siguieron la negativa a firmar un acuerdo, la comunicación de que no todas las armas recortadas se desmantelarán del todo, y el lanzamiento de la idea del "eje del mal".
De todos estos escollos que han enturbiado las relaciones entre Moscú y Washington, sólo se ha solucionado por ahora el de la firma, mientras el "eje del mal" es el que más ha escocido en el Kremlin.
El presidente ruso, Vladímir Putin, dijo tajantemente hace días que Irak "no está en la lista" de países que apoyan el terrorismo, en contra de la opinión de Bush.