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Ladrones, asesinos y violadores convictos quedaron libres durante el conflicto --se calcula que unos 100.000 presos salieron de las cárceles y pululan por el país-y ahora pocos son los que se atreven a quebrantar el toque de queda o a enviar solos a sus hijos al colegio. A ello se suma la escasa respetabilidad de la policía iraquí, pero el mayor temor de los bagdadíes es, en el fondo, algo muy universal: que les saqueen sus domicilios.
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