Desesperación para buscar con las propias manos a los seres queridos entre las casas y los edificios destruidos; desesperación al no poder encontrarlos o, peor, hallarlos muertos. Mientras, centenares de niños siguen atrapados entre los escombros de sus escuelas. Las condolencias por el devastador sismo en Pakistán, India y Afganistán llegan copiosamente desde todo el mundo, pero las ayudas concretas se demoran. Así lo advirtió ayer el presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, cuyo gobierno comenzó a hablar de 30 mil muertos.
En medio de violentas réplicas, miembros de los equipos de rescate y ciudadanos trabajaban con grúas o usaban simplemente sus manos en búsquedas desesperadas de supervivientes, y algunos se quejaban amargamente por la falta de asistencia de las autoridades centrales.
El presidente paquistaní,
Asimismo, agradeció a la comunidad internacional sus expresiones de condolencia, pero dijo que lo que su país más necesita son mantas, carpas, helicópteros y medicamentos.
El terremoto de 7,6 grados en la escala de Richter, el peor que sacudió a
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