Brasilia (EFE, ANSA, DPA) - El presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, enfrenta el momento más delicado de sus siete años de gobierno, con la salida de la coalición oficial del Partido del Frente Liberal -la agrupación que hasta ahora le había garantizado la mayoría en el Parlamento-, anunciada anoche. La crisis política se desató luego de que Roseana Sarney, la candidata del PFL a la Presidencia -jaqueada por un presunto escándalo de corrupción-, amenazara a su partido con renunciar a su postulación si no decidía una ruptura total con el mandatario.
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«Por decisión unánime, el partido se separó de la base del gobierno. La decisión es irreversible», dijo Inocencio Oliveira, líder de la bancada del PFL en la Cámara de Diputados. Oliveira señaló que el PFL, heredero de las fuerzas políticas que apoyaron a la dictadura militar en Brasil (1964-1985), había resuelto abandonar la coalición de cuatro partidos en solidaridad con la candidata presidencial de la agrupación.
Sarney, gobernadora del estado norteño de Maranhao, acusó a miembros del gobierno por una operación policial para investigar la participación de una empresa de su esposo en un escándalo de corrupción con la disuelta Superintendencia de la Amazonia (Sudam). Según la gobernadora, la operación policial fue orquestada para desprestigiar su imagen ante su ascenso en las encuestas de opinión, que la señalan como favorita para ganar las elecciones presidenciales de octubre, junto con el izquierdista Luiz Inácio Lula Da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT).
No obstante, Oliveira negó que el rompimiento con la base gobernante afectará la votación de proyectos esenciales en el Congreso, como la extensión de un impuesto sobre movimientos financieros; tampoco afectará la estabilidad del país. Sin embargo, la crisis que se venía desatando ya había comprobado sus efectos cuando el Congreso trabó la resolución acerca de los impuestos al cheque, una de las principales fuentes recaudadoras del Tesoro brasileño. Además, la amenaza de rompimiento del PFL con la coalición gobernante sacudió los mercados financieros brasileños durante la jornada, provocando una baja de 1,23% en la Bolsa de San Pablo. Es que el partido fue crucial para aprobar las profundas reformas económicas que impulsó Cardoso en sus dos períodos de gobierno, iniciados en 1995.
Al respecto, el ministro de Desarrollo, Agrario Raúl Jungmann, dijo en Washington que el panorama político en Brasil está complicado por varios factores, incluido el conflicto con el PFL, pero se mostró confiado en que Brasil podrá mantener la estabilidad. «Nosotros estábamos observando en Brasil que no teníamos las turbulencias argentinas, sobre todo en el plano político. Yo espero que continuemos sin tenerlas», expresó Jungmann, precandidato presidencial por el Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), socio del bloque oficialista.
La onda expansiva de la intimación de la candidata había hecho temblar las bases del gobierno, sostenido desde hace siete años por una alianza entre el partido de Cardoso -quien anticipó su regreso de una visita oficial de Panamá para intentar una negociación contrarreloj-, el de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) y el PFL.
•Soledad
La salida de este partido de la coalición dejó a Cardoso solo en el Parlamento en los últimos diez meses de mandato. «La gobernabilidad está comprometida», declaró el presidente de la Cámara de Diputados, Aecio Neves, miembro del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y quien consideró aún posible mantener hasta mayo próximo una convivencia pacífica entre los partidos que respaldan al gobierno y en la que participa el suyo.
La «inestabilidad» a que se refiere Neves y que amenaza al presidente, su correligionario, se desató el último viernes, cuando en busca de pruebas que demostraran la participación en un esquema de presunta corrupción, la policía registró la oficina de Jorge Murad, esposo y socio de Sarney, que también es su secretario de Planificación.
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