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"Nos quedaremos en el centro de las ciudades", aseveró Sharon en una reunión con los miembros del Gabinete reducido para asuntos de seguridad, que se reunió esta mañana.
Sharon también informó a sus ministros de que las Fuerzas Armadas tomarán medidas graduales para atenuar las restricciones impuestas a la población civil palestina "en las zonas más tranquilas", es decir donde no se registren enfrentamientos.
A excepción de Jericó, que está rodeada por el Ejército, las Fuerzas Armadas de Israel ocupan Ramala, Belén, Tulkarem, Jenín, Naplusa, Hebrón y Kalkilia, además de varios campos de refugiados y aldeas.
Otra de las medidas adoptada por el Gobierno israelí y que el Ejército deberá aplicar "en forma gradual" -y según el criterio de sus oficiales en cada distrito palestino-, será el autorizar la entrada a Israel a 5.000 obreros palestinos.
Dicha cifra es apenas un 5 por ciento de los más de 100.000 palestinos que trabajaban en Israel hace 22 meses, antes de comenzar la Intifada de Al Aksa.
Israel cerró su territorio al paso de trabajadores palestinos al comenzar el levantamiento contra la ocupación de Cisjordania y Gaza, en septiembre de 2000, y en las últimas semanas la Policía persigue a aquellos que entran en Israel de forma ilegal, por temor a que se infiltren terroristas suicidas.
En la actualidad tan sólo unos 2.000 palestinos tienen permisos de trabajo en Israel, a los que se sumarán los 5.000 aprobados hoy.
Por el momento el Gobierno no ha aclarado si entre los que serán autorizados a volver a sus puestos de trabajo en Israel los hay también de la franja de Gaza, donde la pobreza es aún mayor que en Cisjordania.
El pasado lunes, miles de trabajadores de Gaza se manifestaron contra la Autoridad Nacional Palestina (ANP), que preside Yasser Arafat, para pedirle trabajo y alimentos, a la vez que instaron al Gobierno israelí a abrir sus fronteras y autorizarles a trabajar en Israel.
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