Lula Da Silva asumió en Brasil como el «primer presidente socialista de América». Fue el ídolo de las izquierdas latinoamericanas. Pero es inteligente y adoptó una política económica ortodoxa, de libre empresa, de ajuste del gasto público y de lograr superávit presupuestario para pagar los intereses de la deuda externa y recibir ayuda del FMI. Ayer le costó sus dos primeras huelgas: de empleados públicos nacionales y de transportes en San Pablo. Desilusiona a las izquierdas, como la criolla. Lula -como aquí Kirchner y Elisa Carrió- también designó para ganar un candidato a vicepresidente libreempresista y racional para la economía. Si llegaran a ganar, ¿harían como Lula un acto de inteligencia para recuperar el país? Se duda. La Alianza Frepaso-radicales con De la Rúa -disculpando las distancias con Lula- avanzó como liberal y fue bombardeada desde adentro por la izquierda más obcecada y resentida que racional en nuestro país. Aprovechó el quiebre otro mal, el populismo, para asentarle un golpe a la democracia. Ganar «por izquierda» no estaría mal si se sabe gobernar olvidándose de ella.
El dirigente sindical reconoció que los empleados públicos también reivindican un aumento salarial de 46,95% y que se declararán en huelga permanente en caso de que el gobierno tan sólo autorice el reajuste de 1% del que ha hablado el ministro de Hacienda, Según los sindicalistas, la huelga -convocada por la Coordinadora Nacional de Entidades de Servidores Públicos y que involucró a 450.000 trabajadores- paralizó las 52 universidades federales del país, así como hospitales públicos en 26 de los 27 estados de Brasil, y afectó las actividades en organismos como Aduanas y la Procuraduría.
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