31 de mayo 2005 - 00:00

¿Sistema antimisil en aviones de línea?

Washington - La obsesión por la seguridad ante atentados terroristas plantea formidables retos tecnológicos, pero también presenta enormes oportunidades de negocio para algunos sectores de la industria. Un ejemplo es el plan en marcha en Estados Unidos para dotar de sistemas de defensa contra misiles tierra-aire portátiles a toda la flota actual de aviones civiles, que suman unos 6.800 aparatos.

Si la iniciativa sigue adelante supondrá un desembolso inicial de u$s 10.000 millones, una cifra que se multiplicará.

«The New York Times» ofreció detalles sobre las pruebas que se efectuarán antes de acabar el año con tres aviones, un Boeing 767 de American Airlines -el mismo modelo que los terroristas estrellaron contra las Torres Gemelas- y dos aviones de las compañías Northwest y FedEx. El Departamento de Seguridad Nacional invirtió u$s 120 millones en el asunto.

Se cree que en el mercado negro de armas están disponibles, a precios irrisorios, miles de misiles tierraaire portátiles.
Los más corrientes son el norteamericano Stinger -usado por los mujahidines afganos contra los soviéticos en los ochenta- y el ruso SA-7. La gran esperanza es que la mayoría de ellos estén ya inservibles.

• Puja por contrato

En el año 2002, un Boeing 757 israelí fue atacado por dos misiles tras despegar de Kenia, pero los cohetes erraron el blanco. En noviembre de 2004, un Airbus 300 de la compañía de transporte DHL fue alcanzado por un misil cuando salía de Bagdad. Resultó dañado pero pudo volver a aterrizar.

Un reciente estudio del Congreso estimó en 350.000 los misiles tierra-aire portátiles que llegó a haber distribuidos en el mundo. Su peso es de poco más de 20 kilos y se disparan apoyándolos en el hombro.

Dos gigantes de la industria de armamento pujan por llevarse el suculento contrato de equipar a la flota de aviones civiles estadounidenses: Northrop Grumman y BAE System. El sistema antimisiles, ya incorporado a los aviones militares y también al Air Force One que usa el presidente Bush, consiste en unos sensores de calor para detectar la presencia del lanzamisiles y un dispositivo de rayos láser para abortar su uso.

El mecanismo sería activado por los aviones a una distancia de unos 80 kilómetros del aeropuerto, antes de aterrizar y después de despegar. La altura de vulnerabilidad llega hasta casi los 5.000 metros. El proyecto actual es que el Estado costeará la incorporación de los sistemas a los aviones ahora en servicio, pero la industria asumiría el mantenimiento y la instalación en los nuevos aviones. En veinte años el volumen de gasto generado por el programa podría alcanzar los u$s 40.000 millones.

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