Johannesburgo (AFP).-Más de 25.000 inmigrantes han huido de la ola de violencia xenófoba en las barriadas marginales de Sudáfrica calificada este sábado de "humillación" por el presidente Thabo Mbeki, y se hacinan en centros de acogida provisionales en muy malas condiciones.
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"La Cruz Roja ayuda actualmente a más de 25.000 desplazados, distribuidos en 21 centros, principalmente en Johannesburgo", la capital económica, donde los ataques a los inmigrantes estallaron el 11 de mayo, afirmó Françoise Le Goff, directora de la entidad para África austral.
"La situación se ha deteriorado desde que los actos violentos se extendieron a Durban y a El Cabo" en los últimos días, agregó.
La violencia que asoló las villas miseria de Johannesburgo, y se propagó a Durban (este), el gran puerto en el Océano Índico, y a Ciudad del Cabo (sudoeste), centro turístico y sede del Parlamento, ha contagiado a siete de las nueve provincias del país.
Por lo menos 42 personas murieron y los heridos se cuentan por cientos, mientras que miles de extranjeros optaron por tomar el camino de vuelta a casa. La policía realizó más de 500 arrestos.
Aunque el número de incidentes ha disminuido, gracias a un imponente despliegue policial y militar, los desplazados siguen llegando a los campamentos improvisados, a menudo cerca de las comisarías.
Miles de ellos duermen a la intemperie, bajo temperaturas que por la noche rozan los cero grados.
"Registramos menos casos de heridas causadas por la violencia, pero cada vez hay más casos de enfermedades vinculadas al frío y a las malas condiciones sanitarias", en particular infecciones respiratorias y diarreas, aseguró la directora de Médicos sin Fronteras en Sudáfrica, Muriel Cornelius.
La madrugada del sábado transcurrió en relativa calma en Johannesburgo, donde se movilizó al ejército, aunque un hombre murió por disparos de los militares en un suburbio minero del este de la ciudad.
"Tuvimos desgraciadamente un incidente en el que un miembro de la población recibió disparos cuando apuntaba con un arma a un soldado. Murió por disparos", informó el portavoz del ejército, el general Kwena Mangope.
El despliegue militar, decidido el jueves por primera vez desde el final del Apartheid en 1994, recuerda paradójicamente a la época en que el régimen segregacionista recurría al Ejército para sofocar las protestas de los negros.
La policía y los servicios de la fiscalía general anunciaron el viernes medidas excepcionales para tratar "rápidamente y severamente" los casos de violencia y estudian la creación de tribunales especiales.
La organización defensora de los derechos humanos Human Rights Watch urgió al gobierno sudafricano a "proteger a las víctimas" asegurándose de que los inmigrantes, muchos de ellos ilegales, puedan testificar.
A los extranjeros, entre los que destacan tres millones de zimbabuenses, se les acusa de apoderarse de los empleos y de contribuir a la criminalidad en un país donde el desempleo y la extrema pobreza afectan a un 40% de la población.
También los hay mozambiqueños. En concreto, 15.300 han huido de la violencia, según cifras de los servicios de inmigración de Mozambique.
Sudáfrica se disculpó el viernes por estos ataques xenófobos, mientras que en los países vecinos crece el temor a represalias contra los intereses sudafricanos.
El presidente Mbeki, que apenas ha intervenido en la crisis, acabó describiéndola este sábado como una "humillación".
"Hoy nos enfrentamos a una vergüenza, a una vergüenza y una humillación para nuestro país, donde un puñado de gente, una minoría de nuestra sociedad, comete crímenes contra otros africanos", declaró en la provincia de Cabo Este (sur), una de las dos únicas que no ha sido escenario de las persecuciones.
"Es algo contra lo que tenemos que reaccionar muy firmemente", agregó, en declaraciones transmitidas por la emisora de radio pública SAFM.
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