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10 de septiembre 2002 - 00:00

Un revés para Latinoamérica

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Desde su asunción, el presidente George Bush mejoró las ya óptimas relaciones comerciales con sus estrechos socios comerciales en el Tratado de Libre Comercio para Norte América (NAFTA) y en especial con México, con cuyo mandatario,
Se esperaba que Estados Unidos superara definitivamente con México numerosas asuntos pendientes, como la concesión definitiva del permiso de tránsito para los camiones mexicanos en las rutas norteamericanas, según lo prevé el NAFTA. Además, un acuerdo de permanencia transitoria para millones de mexicanos que residen ilegalmente en Estados Unidos, quizás el principal tema de la agenda de ambos líderes.

Y en tercer término, un trato más humano para las decenas de miles de inmigrantes que cada año cruzan la frontera sur de Estados Unidos, en busca de trabajo y mejores condiciones de vida, y muchos de ellos terminan baleados por las Patrullas de Frontera o abandonados en zonas desérticas, a merced del frío o del excesivo calor.




Desde el fin de la Guerra Fría hasta el 11 de setiembre de 2001, la política exterior de Estados Unidos fue orientada casi exclusivamente hacia el comercio y los negocios. La meta fue la apertura de las fronteras hacia el libre flujo de personas, mercancías y capitales, para el beneficio de las corporaciones estadounidenses y la subyacente economía, y el ejemplo más patente lo constituyó, precisamente, el NAFTA. Inclusive en la cumbre de las Américas de Canadá, en abril de 2001, se echaron los fundamentos para la formalización de la proyectada Area de Libre Comercio para las Américas, que se propuso en la precedente Cumbre de Miami, en 1994.



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