Qwest dijo en abril que esperaba que sus ventas en 2002 se situaran entre 18.000 y 18.400 millones de dólares, y que sus ganancias antes de impuestos, amortizaciones, depreciaciones e intereses alcanzasen a entre 6.400 y 6.600 millones de dólares. A fines de abril, la compañía tenía una deuda total de 21.400 millones de dólares.
Qwest reconoció que contabilizó de manera errónea algunos ingresos en 2002 y 2001, aunque no entregó detalles de estas operaciones. Por todo eso, los analistas de Wall Street temen que Qwest pueda tener problemas a la hora de acceder a dinero en efectivo, algo similar a lo ocurrido con WorldCom, empresa que se declaró en bancarrota tras anunciar que había contabilizado de manera fraudulenta unos 3.850 millones de dólares de gastos y que a partir de hoy deja-rá de cotizar en el mercado de acciones del sector tecnológico e informático, NASDAQ.
La noticia de Qwest provocó la baja de más de 20% del valor de sus acciones en los primeros minutos de negocios de la última jornada, aunque más tarde la fuerte recuperación del mercado apoyó también a las acciones de la empresa, que cerraron con una baja de sólo un centavo a 1,49 dólar. Hace un año las acciones llegaron a valer 29,50.
En tanto, Bush reiteró ayer que los culpables de fraude empresarial serán severamente castigados. A los ejecutivos que, a sabiendas, manipulen los libros de contabilidad para mejorar la imagen de sus empresas, «los encontraremos, los arrestaremos y les pediremos cuentas», afirmó. A raíz de la ola de escándalos que ha sacudido a Wall Street, el presidente aceptó una propuesta de reforma de los sistemas de contabilidad de las empresas, promovida por los demócratas. La medida, que también contó con el visto bueno del Partido Republicano y
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