Uruguay reconoció responsabilidad en crimen de la nuera de Juan Gelman durante la dictadura
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José Mujica.
"Si bien se han dado pasos que valoro enormemente, tenemos un camino largo y no nos tenemos que olvidar de que faltan muchas personas por encontrar", agregó.
Previamente se celebró otra ceremonia en la exsede del Servicio de Información de Defensa (SID) que funcionó como cárcel clandestina de la última dictadura y donde estuvo recluida María Claudia García a fines de 1976.
En ese acto, que contó con la presencia de los cancilleres de Uruguay, Luis Almagro, y la Argentina, Héctor Timerman, Gelman leyó poemas de su hijo Marcelo que dotaron de alto contenido emotivo al encuentro.
El documento que leyó Mujica tenía cinco carillas; las dos primeras hablaban de la sentencia de la Corte IDH y en ese sentido, se declara específicamente la responsabilidad del Estado en los delitos de secuestro, desaparición forzada y supresión de identidad con relación a María Claudia y su hija, consignó el diario montevideano El País.
Luego, el mensaje aludió a la coordinación internacional para la represión de luchadores sociales ocurrida en varios países latinoamericanos bajo el llamado Plan Cóndor.
En la segunda y última parte, el texto leído por Mujica hizo referencia a la Ley de Caducidad, cuya validez fue dos veces aprobada en referendos.
"La interpretación y aplicación de la Ley de Caducidad han obstaculizado la investigación y el esclarecimiento del caso Gelman", dijo el mandatario.
Marcelo Gelman y María Claudia García fueron secuestrados en la Argentina el 24 de agosto de 1976, cuando la mujer estaba embarazada de siete meses.
Marcelo fue torturado y asesinado en el centro clandestino de detención porteño Automotores Orletti, y sus restos fueron hallados y reconocidos a fines de 1989.
María Claudia fue llevada al Uruguay, donde dio a luz en el Hospital Militar. Se la vio con vida por última vez en el SID.
Su hija, Macarena, fue entregada a un comisario uruguayo que la anotó como su hija, pero en 1999 recuperó su identidad luego de que sus abuelos la buscaran por más de veinte años.



