Voto latino, cada vez más trascendental

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Enfrentémoslo. Mejor dicho, que Washington enfrente, ahora que pasó la elección, los siguientes datos: que su vecino al sur del río Grande, México, con 114 millones de habitantes, tiene la mayor población latina (o hispánica) de todo el planeta. Que el que detenta el segundo puesto mundial, con 50,5 millones de latinos, está al norte de ese río y es nada menos que Estados Unidos, donde esa colectividad significa no sólo la principal minoría, sino el 16,3% de la población, de acuerdo al último recuento del US Census Bureau. 

Y habría que agregar que, esa población, la hispano-latina, es la que tiene crecimiento más rápido dentro del terruño de Barack Obama y Mitt Romney. Porque así como el número de habitantes estadounidenses aumentó un 10% entre los años 2000 y 2010, al mismo tiempo la franja de latinos se disparó en 43%. Por eso, la proyección para el año 2050 es que los latinos se dupliquen, llegando a 133 millones y representando el 33% de la población total estadounidense. 

Sin embargo, habría que decir que el tema hispano-latino no existió, casi, para los candidatos presidenciales en campaña. Basta este botón de muestra: desde México cruzan dos temas que al ingresar a territorio estadounidense automáticamente se convierten en los dos principales problemas para su política doméstica: migración ilegal y tráfico de drogas.

Curiosamente, aun ante esa realidad que conforma parte de la cotidianeidad de los EEUU, en ninguno de los debates entre los candidatos presidenciales se mencionó al vecino de 114 millones de habitantes. México no existió ni para Obama ni para Romney frente a la TV y los 200 millones de espectadores en promedio que tuvo cada uno de los debates. 

Nuevamente, habría dos explicaciones para esto. Una, que en los tramos finales de la campaña, ambos candidatos prefirieron dedicarse a los issues económicos (impuestos, creación de empleo) y de salud (Obamacare). Con los estragos del huracán Sandy, los argumentos se corrieron hacia la diferenciación ideológica de fondo, como el cambio climático, seguido del casamiento igualitario y el aborto. 

Aunque hay una segunda explicación, más estadística. Así como Obama y Romney mostraron enormes diferencias en cómo encarar la inmigración ilegal (que sigue siendo principalmente latina), tampoco siguieron batiendo el parche sobre el tema hasta el final. Simplemente, el problema del flujo migratorio sin papeles viene mermando como tal en los últimos años.

De acuerdo al Pew Research Institute, la población de origen mexicano en los EEUU, que en 2007 era de 12,6 millones, bajó a 12 en 2011. No hay que romperse mucho la cabeza para explicarlo, o quizás lo pueda hacer mejor Bill Clinton -tan trajinado en esta presidencial ayudando a Obama a sumar votos-, con su "¡es la economía, estúpido!".

"El parate en la migracion de mexicanos parece ser la consecuencia de una economía estadounidense debilitada, donde es más difícil conseguir empleo, los controles fronterizos se han intensificado, y hay mayor peligro en cruzar ilegalmente, a lo que se añade un incremento en las deportaciones", dijeron en Pew. Se agregan "otros factores, como una economía mexicana más próspera y una caída en el índice de nacimientos en México". 

Con todo, de acuerdo al censo de 2010, el 63% de la población hispana (inmigrantes y descendientes directos) en EEUU proviene de México; 9.2% es portorriqueña, apenas 3.5% tiene origen cubano (aun así, el lobby de la isla es el más poderoso en Capitol Hill), 3.3% es salvadoreño y 2.8% de origen dominicano. El resto proviene de otros países latinoamericanos. 

Hay otros matices. Entre los ilegales, casi 6 de cada 10 (58%) son mexicanos. Se estima en 11.5 millones la cantidad de indocumentados que viven en Estados Unidos.

En cuanto a la población hispano-latina "legalizada", también se traduce en prospectos de votantes (al cumplir los 18 años pueden registrarse como tales): se sabe que cada mes alrededor de 50.000 jóvenes de la colectividad latina acceden a la mayoría de edad. Así, desde 2008, cuando Barack Obama ganó la presidencia, se agregaron 2.8 millones de jóvenes "latinos" con posibilidad de votar. 

La cifra no es desdeñable. Según Pew, desde 1992 que la tendencia general del voto latino es la de volcarse en un 50% hacia los demócratas, con un 25% hacia los republicanos y un 25% que se queda en el limbo de los indecisos. 

Si se lo repasa estado por estado, las estadísticas también pueden llegar a sorprender (y explicar, a partir de hoy, el comportamiento del voto en varios de los swing-states o estados indecisos). En California viven 14 millones de hispano-latinos, que representan el 36.3% de los electores registrados. De ellos, en la presidencial de 2008, el 74% votó por Obama.

En Nueva México, ese guarismo es más alto: 46.3% de la población /un millón de personas), de la que el 70% prefirió a Obama en 2008. Le sigue, en cuanto a porcentaje de la población, el estado de Texas, cuna de la familia Bush, donde el 38% de la población es "latina". Seis de cada diez latinos de Texas eligieron a Obama en 2008. 

Florida es el cuarto estado con alta composición latina: 18.3% de su población tiene ese origen. En 2008, el 57% se inclinó por Obama. Nevada es el quinto estado en importancia "latina": 14% de su población tiene esa sangre y en 2008, el 78% votó por el presidente demócrata. New York y New Jersey ambos cuentan con 10.5% de su población "hispana". Pero en 2008, en New York el 86% de ese segmento eligió a Obama, mientras que en New Jersey lo hizo el 78%. 

Quizás esa certeza de que los latinos son tan contundentemente demócratas haya hecho tirar la toalla a Romney, quien en su discurso de campaña redujo a América Latina a una amenaza regional, encabezada por Cuba, Venezuela y la fuerte presencia de Irán en el subcontinente. Sus spin-doctors seguramente le advirtieron de esa connotación negativa: de allí que en el tercer debate contra Obama, el candidato republicano se refiriera al potencial económico de la región (lo equiparó con el de China), y su deseo de volver sobre el ALCA, el club de libre comercio propuesto durante la era Bush y que sigue siendo rechazado por los gobiernos de Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia.

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