A los cinco años, Gino Tubaro ya desarmaba juguetes y electrodomésticos para descubrir cómo funcionaban. Lo que empezó como una curiosidad infantil terminó convirtiéndose en un proyecto de prótesis 3D gratuitas, con una ambición que el inventor argentino todavía mantiene: crear soluciones capaces de mejorar la vida de millones de personas.
El inventor argentino solidario: de romper juguetes a los 5 años a revolucionar la vida de miles de personas con prótesis 3D
Desde muy chico mostró una curiosidad fuera de lo común y con los años encontró la forma de convertirla en algo útil para los demás.
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Su interés por inventar apareció desde chico y con los años terminó detrás de un proyecto que hoy tiene alcance internacional.
En su casa, aquella curiosidad solía dejar algún que otro aparato fuera de servicio. Su mamá entendió que prohibirle tocar las cosas no iba a servir de mucho, así que buscó una manera de acompañarlo para que pudiera seguir aprendiendo.
Los comienzos de un inventor: el taller de Colegiales que cambió su infancia
Gino Tubaro creció en el barrio porteño de Pompeya junto a su madre, Martha. Desde muy chico tenía una costumbre bastante particular: agarraba cualquier aparato que encontraba, lo abría y trataba de entender para qué servía cada pieza. El problema era que muchas veces no sabía cómo volver a armarlo.
Su mamá decidió buscarle un lugar donde pudiera experimentar sin romper las cosas de la casa. Así llegó a un taller de inventiva en Colegiales, al que asistió entre los seis y los doce años. Todos los sábados viajaban juntos desde Pompeya en el colectivo 42 para participar de las actividades.
Lejos de limitarse a jugar con herramientas, los chicos tenían una consigna concreta. Debían pensar en algún problema que hubieran visto durante la semana e intentar resolverlo mediante un invento.
Uno de los trabajos que recuerda fue una rampa móvil para facilitar el desplazamiento de personas en silla de ruedas. La actividad le permitió descubrir que sus ideas también podían servir para resolver dificultades cotidianas.
Aquellos encuentros le enseñaron a trabajar con otros chicos y desarrollar creaciones propias. Lo que hasta entonces había sido una forma de entretenerse empezó a despertar un interés cada vez mayor por la electrónica.
Sus primeros inventos: de una aspiradora casera a impresoras 3D
Uno de sus primeros experimentos fue una aspiradora que construyó cuando tenía apenas seis años. Para hacerla reutilizó partes de un parlante desarmado y las adaptó a una caja de cartón. Era un aparato rudimentario, pero suficiente para demostrar que podía crear algo con materiales que tenía a mano.
Después llegaron desafíos más complejos. Incluso consiguió fabricar una impresora de matriz de puntos que funcionaba con una batería, mucho antes de comenzar a trabajar con la tecnología que terminaría haciéndolo conocido.
Al terminar la primaria recibió un reconocimiento de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) por desarrollar un pequeño robot con un sistema de seguridad eléctrica para viviendas. El mecanismo permitía detectar determinadas situaciones de riesgo en los enchufes y cortar la corriente.
Con los años, sus inventos se volvieron más ambiciosos. Uno de los grandes avances llegó cuando consiguió construir su propia impresora 3D, una herramienta que todavía era poco conocida fuera de determinados ámbitos especializados.
Su primera intención era producir más equipos y comercializarlos. Pensaba, por ejemplo, en estudiantes de arquitectura que necesitaban hacer maquetas para sus trabajos. Sin embargo, encontrar compradores resultó más complicado de lo esperado.
De la escuela ORT a la UTN: la vocación por la Ingeniería Electrónica
Después de terminar la primaria, Tubaro consiguió una beca para estudiar en las Escuelas Técnicas ORT, donde eligió la especialidad de Electrónica. Allí pudo profundizar sus conocimientos y acceder a herramientas que le permitieron avanzar con ideas más ambiciosas.
Durante la secundaria continuó participando en actividades relacionadas con la tecnología. Se anotaba en cursos y concursos, aunque muchas veces encontraba dificultades para ingresar porque todavía era menor de edad.
Su interés también lo llevó a participar como expositor en una charla TEDx, una experiencia que le permitió mostrar sus trabajos ante un público más amplio y conocer a otras personas del ámbito tecnológico. Tras egresar de ORT como técnico electrónico, decidió continuar sus estudios en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), donde comenzó la carrera de Ingeniería Electrónica.
Para entonces, sus obligaciones académicas convivían con el crecimiento de sus iniciativas. Distribuir el tiempo entre la facultad y el trabajo se volvió cada vez más difícil. En una entrevista de 2019 reconoció que no podía dedicarle a la universidad todas las horas que le hubiera gustado. Sus inventos ya empezaban a ocupar buena parte de sus días.
Felipe, el niño que le dio origen al proyecto Atomic Lab
El gran cambio en la vida de Gino llegó cuando tenía alrededor de 16 años. Después de compartir sus trabajos con impresoras 3D en las redes sociales, recibió un mensaje de una mujer que no estaba interesada en comprar una máquina.
Era la mamá de Felipe, un chico de Tres Algarrobos, provincia de Buenos Aires, que había nacido sin su mano izquierda. La mujer quería saber si aquella tecnología podía servir para hacer una prótesis para su hijo.
Tubaro aceptó el desafío y comenzó a trabajar en un diseño adaptado a las necesidades del pequeño. Así consiguió crear una mano artificial mediante impresión 3D, con materiales considerablemente más económicos que los utilizados en muchas prótesis comerciales.
La experiencia tuvo una enorme repercusión. Otras familias comenzaron a contactarlo para solicitar dispositivos similares y el joven decidió orientar su actividad hacia ese objetivo. De esa iniciativa nació Atomic Lab, una organización dedicada a producir y entregar prótesis gratuitas.
El proyecto también incorporó modelos con colores y diseños inspirados en superhéroes, especialmente pensados para los chicos. Las piezas se adaptan a las medidas de cada usuario y pueden reemplazarse cuando las necesidades cambian, algo especialmente importante durante el crecimiento.
La iniciativa creció gracias a una red de voluntarios que colaboran con la producción. Además, los diseños están disponibles gratuitamente para otras personas y organizaciones que quieran realizar estos dispositivos.
Las cifras de Atomic Lab, actualizadas en julio de 2026, registran más de 5.500 prótesis entregadas, con una comunidad de más de 3.130 embajadores y presencia en más de 48 países. Los archivos de sus diseños también superaron las 150.000 descargas.
Actualmente, quienes necesitan una prótesis pueden iniciar el pedido mediante la plataforma Limbs. El procedimiento comienza con el envío de las medidas necesarias para diseñar una pieza personalizada. Luego, los voluntarios se encargan de producirla y coordinar su entrega sin costo para la persona que la recibe.
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