Hay piezas de joyería que llaman la atención por su tamaño, otras por su procedencia y algunas por el precio que alcanzan cuando llegan al mercado. Entre todas ellas, existe una gema que logró reunir varias de esas características y que quedó asociada a una de las subastas más importantes de la historia reciente por los millones ofertados. Su nombre, además, parece hecho a medida: Estrella Rosa.
La piedra pertenece a una categoría especialmente poco frecuente dentro del mundo de los diamantes. Su color, dimensiones, pureza y recorrido desde el hallazgo hasta la sala de subastas explican por qué despertó el interés de coleccionistas y especialistas. No se trata simplemente de una joya llamativa: detrás de ella hay años de trabajo y una combinación de condiciones naturales muy difícil de encontrar.
La gema atravesó un largo proceso antes de convertirse en una pieza admirada a nivel internacional.
De Beers
Las características de esta gema valuada en millones
La Estrella Rosa es un diamante rosa intenso con un peso de 59,60 quilates. Su forma es ovalada y fue clasificada como una piedra de color rosa vívido, una característica especialmente valorada dentro del mercado de diamantes de fantasía.
La gema fue encontrada en Sudáfrica en 1999 por la empresa De Beers. En estado bruto, su tamaño era todavía mayor, pero necesitó un extenso proceso de corte y pulido para transformarse en la piedra que posteriormente llegó a una de las casas de subastas más reconocidas del mundo.
Ese trabajo llevó aproximadamente dos años. El objetivo era conseguir el mejor equilibrio posible entre el tamaño, el color y el brillo de la piedra, tres factores que tienen un peso considerable a la hora de establecer el valor de un diamante. La pieza terminó con una talla ovalada que permite aprovechar la superficie de la gema y potenciar su apariencia.
Otro de sus atributos es la ausencia de impurezas visibles, una condición que incrementa su rareza. En el caso de los diamantes de colores, además del peso y la claridad se analiza con especial atención la intensidad y distribución del tono. Una combinación como la de la Estrella Rosa resulta poco habitual.
Se convirtió en una de las piezas más buscadas por coleccionistas y especialistas del mundo de la alta joyería.
Magnific
La historia de esta gema dio un giro definitivo en abril de 2017, cuando fue presentada en una subasta de Sotheby's. La puja reunió a tres compradores que durante unos diez minutos compitieron por quedarse con la pieza.
Finalmente, el ganador fue Henry Cheng Kar-Shun, empresario y CEO de Chow Tai Fook, una de las compañías de joyería más importantes de Asia. La oferta final alcanzó los u$s71,2 millones, una cifra que convirtió a la gema en una de las piezas más caras jamás vendidas en una subasta.
El nombre “Estrella Rosa” quedó así asociado a una gema que combina rareza natural y una historia comercial excepcional. Su recorrido, desde una mina sudafricana hasta una sala de subastas internacional, terminó convirtiéndola en un objeto de deseo dentro del universo de la alta joyería.
Otras joyas que rompieron récords millonarios
La Estrella Rosa no fue la única piedra preciosa que alcanzó cifras extraordinarias en el mercado. Las subastas internacionales tienen una larga historia de ventas en las que diamantes de colores, piedras históricas y piezas pertenecientes a colecciones privadas alcanzaron valores que superaron ampliamente las expectativas iniciales.
Entre los casos más conocidos aparece el Oppenheimer Blue, un diamante azul de 14,62 quilates que fue vendido por Christie’s en Ginebra en 2016. La pieza alcanzó aproximadamente u$s57,5 millones, convirtiéndose en uno de los diamantes más caros vendidos hasta ese momento.
Otro caso destacado fue el Pink Promise, un diamante rosa de 14,93 quilates que Sotheby's vendió en Hong Kong en 2017 por unos u$s31,9 millones. Su color y tamaño lo ubicaron entre las piedras rosas más cotizadas del mercado.
También está el Blue Moon of Josephine, un diamante azul de 12,03 quilates que alcanzó alrededor de u$s48,5 millones en una subasta de Sotheby's en 2015. La piedra recibió ese nombre luego de que el comprador la adquiriera y decidiera rebautizarla en honor a su hija.