La producción de hormigón alcanzó en 2023 los 26,3 millones de metros cúbicos solo en España, un pico que revela el enorme impacto ambiental del sector. Este escenario abrió la puerta a soluciones innovadoras que reducen el consumo de materiales sin sacrificar eficiencia ni seguridad estructural.
Uno de los sistemas más disruptivos se llama BubbleDeck y está cambiando la forma en que se construyen edificios en distintas partes del mundo. Utiliza esferas plásticas recicladas en el interior de las losas de hormigón, logrando estructuras más livianas, resistentes y con menor huella ecológica.
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Con millones en juego y un impacto ambiental creciente, una nueva tecnología con esferas plásticas busca transformar la construcción para siempre.
Cómo funcionan las losas con esferas plásticas
El principio de funcionamiento de BubbleDeck se basa en reemplazar el hormigón que no cumple funciones estructurales por esferas de plástico de alta densidad. Estas se ubican entre mallas de acero y permiten reducir hasta un 35% el peso muerto de las losas.
Esa disminución posibilita una mayor libertad de diseño, menos columnas y una menor necesidad de cimentación. Pero además, al integrar sistemas de tubos plásticos para calefacción y refrigeración, estas losas logran conservar la temperatura del ambiente de forma eficiente.
Funcionan como suelos radiantes invertidos: absorben y liberan calor según la estación, lo que se traduce en ahorros energéticos de entre el 30% y el 50%. Una opción atractiva para quienes buscan sustentabilidad y tecnología en la vivienda.
Qué ventajas ofrece este sistema frente al hormigón tradicional
Además de reducir el uso de materiales contaminantes, las losas BubbleDeck ofrecen mayor seguridad ante incendios y mejor respuesta estructural frente a sismos. Las esferas plásticas no emiten gases tóxicos y ayudan a que el sistema sea más resistente al fuego.
Este tipo de construcción ya se usa en más de un millón de metros cuadrados distribuidos en países como Dinamarca, Australia, Italia y los Países Bajos. Incluso se implementó en el rascacielos Piemonte Tower en Turín, de más de 200 metros.
En América Latina, una firma argentina también desarrolló una versión propia del sistema y lo aplicó en proyectos como el Aeropuerto de Ezeiza y varias viviendas unifamiliares, demostrando que es posible innovar sin perder robustez ni calidad.
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