«Para disminuir la tasa de desempleo por debajo de 7% es necesario introducir más competencia en el funcionamiento de la economía y aumentar el nivel de calificaciones de un grupo importante de trabajadores.» La frase es de Sebastián Galiani, economista doctorado en la Universidad de Oxford y profesor de la Washington University in Saint Louis.
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Galiani, que se graduó de licenciado en Economía en la Universidad de Buenos Aires, centra sus investigaciones en el campo de la economía laboral, la distribución del ingreso y las políticas sociales. Uno de sus más recientes trabajos es sobre la formación de creencias de la gente y su vinculación con el otorgamiento de títulos de propiedad, elaborado junto a Rafael Di Tella y Ernesto Schargrodsky. En la entrevista con este diario señaló que «el crecimiento de la demanda de trabajo va a impactar más en los salarios que en la reducción del desempleo».
Periodista: La desocupación bajó sustancialmente en los últimos años pero pareciera haberse estancado en torno a 9%. ¿Podría decirse que ésa sea la tasa natural de desempleo?
Sebastián Galiani: Efectivamente, el desempleo ha bajado muy rápidamente desde su pico durante la crisis económica de 2002, en aproximadamente 15 puntos porcentuales en cinco años pero es difícil precisar el nivel actual de la tasa de equilibrio en la Argentina. Existieron muchos quiebres en el proceso que genera esta variable y por ello no tenemos estimaciones confiables. Sin embargo, dada la presión salarial existente, uno podría argüir que la tasa de desempleo actual no está por arriba de aquella tasa que resulta consistente con la estabilidad salarial.
P.: ¿Pero podría esperarse que el desempleo no baje mucho más?
S.G.: En el corto plazo, el crecimiento de la demanda de trabajo va a impactar más en los salarios que en la reducción del desempleo. Por supuesto que una tasa de equilibrio de aproximadamente 8% es alta. Está lejos de la idea que uno tiene del pleno empleo de alrededor de 4% o 5%. Es cierto que salarios reales más elevados pueden facilitar la incorporación al trabajo de los grupos con mayor desocupación. Pero para bajar la tasa por debajo de 7%, por ejemplo, es necesario introducir más competencia en el funcionamiento de la economía y aumentar el nivel de calificaciones de un grupo importante de trabajadores.
P.: La falta de trabajadores calificados hace que algunas empresas no encuentren empleados. ¿Se refiere a ello?
S.G.: Precisamente la tasa de desempleo para los trabajadores con educación alta es 4% mientras que para los que tienen educación baja es sustancialmente mayor. Ello implica que ciertos segmentos del mercado de trabajo tienen exceso de demanda mientras que otros probablemente no. Y esto se correlaciona con el nivel educativo de los trabajadores.
P.: Con respecto a la estructura salarial, ¿ocurrió una verdadera recuperación de las remuneraciones?
S.G.: Sí, los salarios reales se recuperaron bastante. En promedio crecieron aproximadamente 25% en los últimos cinco años.
P.: ¿Por qué entonces la distribución del ingreso no ha mejorado tanto?
S.G.: Primero hay que señalar que ha habido cierta mejora importante en los indicadores de desigualdad. Quizás no sea tan pronunciada como la suba salarial, pero la reducción en el coeficiente de desigualdad (Gini) en los últimos tres años no es despreciable. De todas formas, una suba generalizada de salarios, por mayor que sea, no tendrá efecto alguno en la desigualdad. Sí, claro está, afectará positivamente el bienestar de la sociedad y reducirá la pobreza. Es importante notar que la configuración de precios internacionales que están motorizando el crecimiento económico tiende, por sí misma, a aumentar la desigualdad dado que el sector primario no sólo no es intensivo en trabajo, sino que además los ingresos generados en el agro tienden a estimular la demanda de servicios calificados. Y esto es algo que está ocurriendo en toda América latina.
P.: El problema de la desigualdad es uno de los más serios que enfrenta América latina. ¿Es posible hacer algo para reducirla?
S.G.: Estoy seguro de una cosa: la reducción de la desigualdad necesita de más redistribución de la que actualmente existe. Pero también estoy convencido de que las políticas redistributivas tienen que diseñarse de forma inteligente y eficiente. Hay que mirar las distorsiones que se crean en la economía al adoptar medidas en este sentido, pues si no, éstas terminarán afectando el crecimiento. Es así que miraría a Chile y no a Venezuela.
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