El mercado financiero atraviesa un momento particularmente interesante. A nivel internacional, Estados Unidos empieza a mostrar algunas señales de desaceleración en el mercado laboral, mientras la inflación continúa siendo la variable que condiciona cualquier discusión sobre tasas. En Argentina, en cambio, el proceso de normalización macroeconómica sigue avanzando, aunque comienza a quedar cada vez más claro que la segunda etapa será bastante más desafiante que la primera.
Argentina ante un mundo de tasas altas: dónde vemos valor para invertir
En un escenario de tasas internacionales todavía elevadas y con la Argentina entrando en una etapa más desafiante de su normalización macroeconómica, la estrategia de inversión exige mayor selectividad. La combinación de activos dolarizados, renta fija con rendimientos atractivos y acciones globales de calidad aparece como una alternativa.
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En el plano local, julio dejó una inflación de 2,1% mensual, algo superior al 1,9% de junio, pero todavía dentro de una dinámica que, a nuestro entender, no implica un cambio de tendencia. Parte de la aceleración estuvo explicada por factores estacionales, mientras que la inflación núcleo se ubicó en 1,8%. Con una política monetaria restrictiva, un tipo de cambio relativamente contenido y una menor presión esperada de algunos componentes estacionales, seguimos pensando que la inflación puede retomar gradualmente el sendero descendente.
El desafío es que la desinflación difícilmente sea lineal. A medida que la Argentina deja atrás tasas de inflación extraordinariamente elevadas, bajar cada punto adicional requiere mayor disciplina fiscal y monetaria y, sobre todo, tiempo. A eso se suma una economía que comienza a mostrar velocidades diferentes: los indicadores vinculados al consumo, la construcción y el crédito presentaron cierta debilidad durante julio, mientras que los sectores asociados a recursos naturales continúan mostrando un comportamiento mucho más sólido.
En materia cambiaria, la presión sobre el dólar cedió parcialmente durante los últimos días. El tipo de cambio mayorista se alejó de la zona de $1.500 y operó alrededor de $1.492. Sin embargo, el ritmo de compras del Banco Central disminuyó considerablemente durante agosto. Aun así, el balance del año sigue siendo positivo: la autoridad monetaria acumula compras por u$s13.600 millones y las reservas netas superan los u$s11.000 millones.
Esta combinación nos lleva a mantener una mirada constructiva sobre el proceso argentino, pero con una estrategia de inversión más selectiva. La menor liquidez en pesos elevó nuevamente las tasas reales y la curva de tasa fija presenta rendimientos positivos frente a las expectativas actuales de inflación, por lo que encontramos a las lecaps como activos ideales para em manejo de tesorería buscando calzar los vencimientos de los títulos con las necesidades de liquidez. Al mismo tiempo, los activos argentinos de renta fija en dólares tuvieron una corrección durante agosto y el riesgo país volvió a la zona de 472 puntos básicos.
Un escenario internacional que exige selectividad
Fuera de Argentina, la principal discusión continúa pasando por la Reserva Federal. El último reporte de empleo estadounidense sorprendió negativamente: en julio se destruyeron 30.000 puestos de trabajo cuando el mercado esperaba una creación cercana a 82.000, a lo que se sumaron revisiones a la baja de los meses anteriores. Sin embargo, algunos datos subyacentes todavía permiten evitar la conclusión de que Estados Unidos se encuentre frente a un deterioro estructural de su economía.
Posteriormente, el dato de inflación dio cierto alivio. El IPC estadounidense se ubicó en 3,4% interanual, mientras que el índice Core marcó 2,5%, ambos en línea con lo esperado. Esto permitió reducir parte de la presión inmediata sobre la Fed y fue bien recibido por los activos de riesgo.
El mensaje para los inversores es que probablemente sigamos transitando un escenario de tasas internacionales elevadas por más tiempo. Por eso creemos que no alcanza simplemente con “comprar mercado”: la selección de activos vuelve a ser determinante.
Dentro de la renta variable global observamos además una rotación interesante entre sectores. Tecnología, software, grandes plataformas digitales y compañías vinculadas a inteligencia artificial continúan mostrando fundamentos sólidos, mientras que el oro y las compañías relacionadas con metales estratégicos volvieron a ganar protagonismo, apoyados nuevamente por compras de bancos centrales, particularmente China.
Cómo posicionar una cartera
En este contexto, nuestra estrategia parte de una premisa sencilla: dolarización, calidad y diversificación.
De cara a un 2027 electoral en Argentina y considerando que durante el tercer trimestre suele reducirse la liquidación de divisas del agro, creemos conveniente mantener una parte importante del patrimonio dolarizada desde el inicio, evitando depender excesivamente del comportamiento del peso durante los próximos meses salvo en el caso de los inversores que precisen manejo de tesorería de corto plazo.
En renta variable internacional, nuestra selección pasa por seis posiciones de alta calidad: MercadoLibre, Meta, Microsoft, Nvidia, Mastercard.
La lógica detrás de esta combinación es diversificar motores de crecimiento. MercadoLibre permite participar del crecimiento estructural del comercio electrónico y los pagos digitales en Latinoamérica; Meta combina publicidad digital con inteligencia artificial; Microsoft tiene una posición privilegiada en cloud e IA corporativa; Nvidia continúa liderando la infraestructura necesaria para el desarrollo de inteligencia artificial; Mastercard captura la expansión global de los pagos electrónicos
Para la renta fija en dólares, preferimos combinar riesgo provincial con obligaciones negociables corporativas hard dollar.
Entre nuestras principales posiciones se encuentra Córdoba 2035 (CO35), junto con obligaciones negociables de IRSA, Telecom y Vista Energy. En concreto, la selección está compuesta por CO35, IRCPD, TLCPD, TLCTD, VSCTD y VSCXD, con una TIR promedio ponderada cercana al 7%
La búsqueda no pasa únicamente por obtener rendimiento. En un mundo donde las tasas continúan elevadas y la volatilidad geopolítica sigue presente, resulta fundamental priorizar emisores con capacidad de generación de caja, negocios dolarizados y estructuras financieras razonables.
El momento de las carteras equilibradas
Después de varios años en los que muchas decisiones de inversión estuvieron dominadas casi exclusivamente por variables macroeconómicas, creemos que empieza una etapa donde nuevamente será necesario mirar los fundamentos.
Argentina ofrece oportunidades, pero la volatilidad seguirá presente. Estados Unidos continúa ofreciendo compañías extraordinarias, aunque con valuaciones que obligan a ser selectivos. Y la renta fija vuelve a pagar tasas que permiten construir portfolios con retornos atractivos sin asumir necesariamente niveles extremos de riesgo.
Nuestra visión para los próximos meses, por lo tanto, no consiste en apostar todo a un único escenario. Consiste en combinar equity global de calidad, renta fija dolarizada y diversificación, manteniendo suficiente flexibilidad para aprovechar las oportunidades que inevitablemente aparecerán en un mercado que probablemente continúe siendo volátil.
En definitiva, el objetivo no debería ser anticipar cada movimiento del mercado. Debería ser construir una cartera capaz de atravesarlos según el riesgo que busque cada inversor y su horizonte temporal.
*Socio en AT Inversiones



